20 de octubre de 2014

Enseñar a tu hijo a defenderse de la violencia: seleccionar ambientes no violentos




La violencia puede definirse como un tipo de interacción humana presente en aquellas conductas o situaciones que, deliberadamente, de manera aprendida o imitada, provocan o amenazan con provocar daño o sometimiento grave (físico, sexual, verbal o psicológico) a una persona o a colectivo o los afectan de tal manera que limitan sus potencialidades presentes o las futuras.


Vivimos en un mundo en el que la violencia está al alcance de todos y todos estamos muy expuestos a ella. La televisión está plagada de contenidos violentos, por ejemplo.


Los entornos de trabajo de los adultos y los colegios de los niños también pueden llegar a convertirse en entornos muy agresivos. Mobbing, bulling... están a la orden del día, por no hablar de la violencia dentro del entorno familiar.
 

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El acceso a contenidos violentos y la exposición a la violencia hace que, muchas veces, normalicemos interacciones de esta índole. Sin embargo, las interacciones marcadas por violencia entrañan un peligro para la persona que la recibe.


La realidad es que las interacciones violentas hacen que la víctima necesite defenderse. Si no se defiende, estará abandonándose a las negativas consecuencias que, sobre sí misma, tiene la violencia.

Sin embargo, la violencia sólo genera violencia. ¿Cómo puede defenderse una persona de otra que quiere, deliberadamente, hacerle (o amenazar con hacerle) daño (físico o emocional) o someterle gravemente?


Defenderse de un agente violento de manera no violenta, asertiva, protectora y positiva sólo tiene un modo: la huida, alejarse del agresor, evitar la exposición a la violencia.

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Por este motivo, creo que es esencial aprender a seleccionar los entornos en los que interactuamos. Es importante seleccionar o generar activamente entornos libres de violencia, alejarnos de agentes violentos o no participar de entornos en los que existan interacciones violentas.


Cuando nos alejamos de personas que interactúan violentamente, estamos protegiéndonos de manera eficaz de sufrir abusos, daños, sufrimiento generado deliberadamente por parte de otra persona.


Los niños también pueden tener interacciones violentas. La violencia, como indica su propia definición, puede aprenderse por imitación. Los niños sometidos a violencia pueden emitir violencia hacia otros niños.

Los adultos, madres, padres o cualquiera que acompañe a un niño en su desarrollo, debemos enseñarles a protegerse de la violencia y, como comentaba anteriormente, la selección o creación de entornos no violentos es la manera más positiva de hacerlo.

Cuando nosotros seleccionamos entornos no violentos en los que participar y nos alejamos de entornos violentos estamos mostrando a nuestros niños un referente que les permitirá aprender a, posteriormente, poder hacerlo ellos mismos.


Así que, con esto, quiero resaltar la importancia de no exponer a nuestros hijos a ningún tipo de interacción violenta evitable (por desgracia, a veces será inevitable la exposición a la misma).

Es absolutamente recomendable evitar cualquier interacción violenta a los niños siempre que sea posible. Algunos adultos dudan, pues creen que evitarlo obstaculiza el desarrollo de la capacidad de defenderse por sí mismos en los niños.


Sin embargo, y como es deducible de toda la exposición anterior, la mejor manera de defenderse de la violencia es no exponerse a ella. Si nosotros les evitamos la exposición a la violencia, ellos aprenderán a evitarla.


Y no sólo eso, también estaremos consiguiendo que no normalicen la violencia, que no la asimilen como algo normal, que no la permitan.


Recordar por último que el concepto violencia hace alusión a una interacción cuyo objetivo es hacer daño o someter, de manera deliberada, al otro. Es importante tener presente, para detectar violencia, la intencionalidad destructiva del acto.


A veces resultará complicado detectar este matiz de la interacción entre niños, y nada más lejos de mi intención de juzgar a ninguno de ellos, simplemente tenemos que ser conscientes de que la exposición a la violencia permite que cualquiera la aprenda como forma de interacción.

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