La ira es una emoción primaria , es decir, natural y presente en todos los seres humanos. Biológicamente está en nuestro repertorio emocional, y esto tiene un significado muy importante, que es que la ira no se puede evitar , no se puede eliminar de nuestras vidas.

La ira, como el resto de las emociones primarias, tiene unas funciones esenciales para la especie humana, que nos permite adaptarnos mejor a nuestro medio , y es una de las emociones que ha garantizado la supervivencia de nuestra especie.

La ira es una emoción que se expresa con resentimiento, furia e irritabilidad ante la percepción o interpretación de que algo que nos importa está en peligro. Este «algo que nos importa» puede ser material, personal, sentimental, social …

La ira es una emoción reactiva , nos motiva un acto para proteger o restablecer lo que percibimos en peligro o en situación de vulnerabilidad. 

Las reacciones asociadas a la ira son variadas y personales pero, en muchos casos, tienen asociado un componente de agresividad en mayor o menor medida.

En las circunstancias que estamos viviendo actualmente, la percepción del peligro o las amenazas es bastante general entre las personas. Percibimos la salud en peligro, la economía, la estabilidad, nuestra libertad … nos vemos vulnerables en distintos aspectos.

Así, esta percepción de peligro o vulnerabilidad genera la emoción de ira, expresada en sensación de rabia, frustración, enfado o furia, y nos impulsa a tomar acción para protegernos de la amenaza.

Por tanto, la ira está más presente, en general, que otras veces. Esta experiencia de sensación de peligro o amenaza nos mantiene en una situación psicofisiológica de alerta, de hipervigilancia y esto hace que estemos en un estado de activación frecuente.

Este estado de activación, de alerta e hipervigilancia provocando que interpretemos como peligrosos riesgos peligrosos o situaciones que habitualmente no se interpretan como tal. Y esta interpretación hipervigilante nos conduce a sentirnos irritables con más frecuencia. 

De este modo, la percepción de peligro debido a la situación sanitaria y social que estamos viviendo, nos activamos y ponemos en alerta, experimentamos la sensación de amenaza y amenaza, sentimos ira y esta nos motivamos a reaccionar en contra del agente o la situación amenazante.

Todo ello nos pone en una situación psicofisiológica de hiperalerta que propicia que interpreta como peligrosos o amenazas de situaciones habitualmente no interpretaríamos de esa manera, lo que provoca que nos sintamos irritables con más frecuencia.

Esto explicaría por qué nos enfadamos más que lo que solemos hacerlo habitualmente en estas circunstancias, por qué estamos más irritables y molestas, estamos de peor humos en general.

Esta explicación puede ayudar a tener más conocimiento de esta experiencia de ira, para poder vivir con más conciencia y esto podría ayudarnos a experimentar de una manera no agresiva hacia los demás.


Mónica Serrano Muñoz