DINÁMICA DE APRECIO-DESPRECIO

APRECIO-DESPRECIO

Algo que surge a menudo en el trabajo de autoestima es el intentar dejar de conceptualizar los fracasos, los errores o lo que entendemos como defectos como tales, conceptualizarlo de manera positiva (procesos de aprendizaje) y así poder querernos.

“Si yo en vez de ver un fracaso como fracaso, intento racionalmente entenderlo como un aprendizaje, será más fácil quererme a mi misma, que si lo defino como fracaso”.

Esto, en realidad, es un obstáculo para la autoestima incondicional, porque un fracaso es un fracaso y un error es un error y una falta es una falta y lo podemos entender así, es una realidad.

Es algo que no ha salido como esperamos, no hemos logrado y lo vamos a considerar un fracaso y a sentir frustración por ese fracaso.

O algo que se percibe en una misma como dificultad, incluso como defecto y va a formar parte de una, de su visión de sí misma: “Me cuesta esto, tengo dificultades en aquello, aquí no soy muy hábil o esto no me gusta de mí y ya está, no me gusta esta parte de mí”.

No se trata de cambiar la interpretación de una misma, o como se viven los fracasos, o de intentar ver en un defecto una virtud, o intentar ver en la dificultad una facilidad, o en el fracaso una oportunidad, no es esa la finalidad ni la filosofía.

La filosofía es que a pesar de experimentar fracasos, cometer errores, de que vamos a ver cosas de nosotras mismas que no nos gustan, no nos convencen, de que vamos a reconocer dificultades personales en distintos aspectos de nuestra vida, pero a pesar de eso podemos apreciarnos.

Podemos apreciarnos y querernos a nosotras mismas incluso en los fracasos, en los errores.

Se trata de desconectar la percepción de éxito o fracaso, o la percepción de virtud-defecto o fortaleza-debilidad del sentimiento de amor.

Todo lo que percibo así, como acierto o fracaso, virtud-defecto, fortaleza-debilidad, acierto-error, todas estas dualidades son conceptualizaciones que hacemos desde lo cognitivo, desde el razonamiento, desde la etiqueta y clasificación de la realidad.

Por otro lado está el sentimiento ante un fracaso, frustración, rabia, dolor, pena, vergüenza. Ante el éxito sentimos alegría, satisfacción, ilusión, motivación…son los sentimientos asociados a ese imput que es la circunstancia de logro o fracaso.

Todo eso forma parte de la vida, pero al margen, está la relación y sentimiento que tengo conmigo como aprecio o desprecio.

Hemos asociado el logro, el éxito, la fortaleza, con esos sentimientos de alegría, satisfacción, aceptación, motivación, ilusión y más profundamente está el merecimiento de amor.

Y cuando se produce un fracaso, una percepción de error, defecto o dificultad, nos sentimos frustradas, tristes, rabiosas, avergonzadas o culpables y más profundamente está el sentimiento de desprecio.

Es un proceso en 3 etapas:

Éxito-satisfacción-aprecio / Fracaso-frustración-desprecio

Es ese tercer paso, el del aprecio-desprecio, el que está conectado con los dos pasos anteriores de una manera social.

Ahí hay un constructo social que nos lleva a considerar, creer y generar esa asociación emocional con la situación que está pasando. Pero es un paso que hemos construido desde lo social y lo moral.

El primer paso, tener éxito o fracaso, conectado con la satisfacción o frustración podríamos decir que es orgánico, es natural. Ante el éxito me siento satisfecha, plena.

En el fracaso me puedo sentir frustrada, enfadada o rabiosa. Ahí tendría una asociación y conexión emocional por el sistema de desarrollo emocional de las personas, porque de hecho, las emociones tienen un sentido y una razón de ser.

  • Si tengo éxito me voy a sentir satisfecha y esa satisfacción me va a mover a la aproximación hacia ese éxito y ese logro.
  • Si me siento frustrada tras un fracaso, esa frustración me va a mover a buscar otras maneras de lograr lo que deseo o buscar el equilibrio perdido.

Pero ya de ahí que el éxito o el fracaso estén asociados con el aprecio y el desprecio hacia una misma u otras personas, ahí hay una construcción social.

Hay un aprendizaje social, cultural y moral que toxifica la relación. La pervierte y genera todos esos problemas de autoestima, de autoexploración, de desprecio hacia una misma, de discurso interno violento.

Hace que nos violentemos muchísimo a nosotras mismas y a los demás también.

Entonces, lo que estamos trabajando nosotras en autoestima incondicional, es el romper la conexión de aprecio-desprecio a una misma con el éxito-fracaso, o con la satisfacción-frustración.

Ese tercer paso que ya es un constructo social, cultural y moral es el que queremos revisar y romper.

El foco, al final, en este sentimiento profundo de amor o desprecio o aprecio a una misma tiene que ver mucho con el foco, dónde lo ponemos en nuestra vida.

Cuando ponemos el foco en lo que no hay, en lo que no tengo, en lo que debería conseguir, en como debería ser, en ese ideal que no existe, estoy poniendo el foco en el vacío, en algo que no existe.

“Por ejemplo: debería ser una profesional cualificada y reconocida y no lo soy”. Pongo el foco en algo que no existe, en algo inexistente.

“Debería ser una madre entregada al 100% que cocina natural y equilibrado y que juega con sus hijos a todas horas y tiene la casa ordenada”. No existe, es un ideal que no existe y vuelvo a enfocar en el vacío.

Cuando pongo el foco en el vacío, el sentimiento asociado es de rechazo. Porque en el vacío no hay aprecio ni apreciación, nadie quiere aproximarse al vacío. Hay mucho rechazo y desprecio en el vacío.

Sin embargo, en esa misma situación, si en vez de enfocarme en, por ejemplo, esa profesional, cualificada, exitosa y reconocida que no existe, me enfoco en lo que hay, que es en una profesional media, algo estancada, que intenta hacer las cosas bien, que comete errores, que está algo desmotivada, que tiene poco reconocimiento…ahí sí me estoy enfocando en lo existente, en lo que hay, en lo contrario que el vacío.

Me enfoco en la abundancia, en lo que sí que hay, en lo que está presente.

Y si me enfoco en lo presente, sí me puedo enfocar en lo que aprecio, en la aceptación, en la comprensión, en la empatía, en la lealtad con esa persona que está estancada y se siente algo mediocre, que tiene un reconocimiento bajito en su estructura y que está un poco insegura.

Reconociéndome así, poniendo el foco en la abundancia en vez de ponerlo en el vacío, sí puedo conectar con ese sentimiento de amor incondicional, con la empatía, con el amor, con la comprensión, con la amabilidad, hacia eso que sí hay.

Igual pasaría con el ejemplo de la madre, que tiene su casa desordenada, que a ratos está desconectada de todo y en su mundo, que no le apetece siempre jugar, a veces nada, que está cansada.

Conectar con esa imagen y empatizar con esa persona. Con esa mujer, más que con esa madre que tiene todo listo, ordenado, perfecto, que está dispuesta y disponible y de buen humor y que no existe.

Cuando me enfoco en lo que sí que hay, sí puedo generar compasión, comprensión, amabilidad y ese amor incondicional, porque puedo apreciar.

La idea es que esa dinámica de aprecio-desprecio, aproximación-evitación está relacionada con la percepción, el foco y la atención en lo abundante o en el vacío.

Y generalmente ponemos el foco en el vacío.

Y ese foco es el que nos lleva a recriminarnos, autoexplotarnos, para intentar llenar algo desde una posición inalcanzable, porque eso ya está lleno de otras cosas.

Si ponemos el foco en lo que hay y activamos la comprensión, compasión, amabilidad, surge el miedo a: me voy a quedar estancada, voy a apreciar ese estancamiento y no voy a seguir creciendo o desarrollándome.

Esto parte de otra idea, muy perversa y muy falsa, de que las personas nos motivamos por reproches y críticas, que si se nos dejase tranquilas no haríamos nada nunca. Nos quedaríamos en una situación de involución y que solo a través del castigo y de la presión es como una persona puede evolucionar, desde el malestar.

Sin embargo, todos los seres vivos en el mundo están dando de manera natural su máximo potencial en cada momento.

Todos estamos orientados de forma natural (desde las plantas, a los animales) todos al crecimiento, desarrollo y expresión de nuestro máximo potencial.

Por lo tanto, la creencia de que si yo no me presiono, castigo, fustigo y me reprocho, entonces me voy a quedar en una situación de estancamiento e involución es completamente falsa, es otro constructo social que se nos ha transmitido y por el que nos regimos, y la naturaleza nos demuestra lo contrario.

Todos los seres vivos estamos naturalmente diseñados para crecer, evolucionar y dar nuestro máximo potencial en todo momento.

Mónica Serrano

Psicóloga Humanista

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