El terapeuta danés Jesper Juul,  en su obra: “Agresión ¿un nuevo y peligroso tabú?” diferencia entre agresividad constructiva y agresividad destructiva. Me parece una idea esencial a tener en cuenta cuando acompañamos agresiones entre iguales.

La agresividad es un estado psicofisiológico del organismo que se activa cuando éste no logra conseguir lo que desea o necesita, atendiendo a la interpretación y experiencias previas de la persona como filtros que propiciarán, en mayor o menor medida, la reacción agresiva de la persona como consecuencia de la frustración.

Así, la agresividad es una reacción natural en el ser humano, presente en todas las personas. La agresividad que surge cuando una persona ve frustrado el logro de sus metas impulsa al organismo a movilizarse para conseguir su objetivo o iniciar nuevas maneras de recuperar el equilibrio perdido al verse frustrado.

Así, la agresividad es un estado necesario y natural en la persona, y surge espontáneamente en los niños. A priori, la agresividad con la reacciona un niño frustrado puede ser constructiva: llorar y retomar fuerza, seguir intentando intensamente lograr su meta, gritar de impotencia y tomar aliento, dar un golpe en el suelo para descargar… serían reacciones movilizadoras a la acción y la competencia. Es ésta la agresividad constructiva a la que hace referencia Jesper Juul.

Esta agresividad es sana y motivadora y, por su puesto, ha de permitirse y validarse.

Sin embargo, la agresividad también puede producirse de manera destructiva, desembocando en conductas de abuso o acoso. Esta se expresa cuando las personas dirigen su agresividad y su frustración hacia los miembros más débiles del grupo.

El acoso surge de la frustración, y la frustración está presente en todos los ámbitos de la sociedad (familiar, escolar, laboral…). En cualquiera de estos ámbitos, el problema que mantiene y agrava el acoso es la falta de autoridad. Son los puestos de dirección los responsables del ambiente de la organización que dirigen. No son los niños o los trabajadores los responsables, si no los directivos o las personas con mayor experiencia o poder en el grupo.

De este modo, la violencia entre niños ha de resolverse desde las personas que ostentan el poder en la organización. Serían los padres y madres en el ámbito familiar y las directoras en los colegios.

Como afirma Jesper Juull, los programas dirigidos a reducir y prevenir la violencia entre iguales que se centran en el niño han fracasado.

Es necesario que las personas que ostentan la experiencia y/o el poder en el sistema familiar y en el escolar asuman su responsabilidad y comiencen a actuar para erradicar la violencia entre iguales, partiendo de la diferencia entre la agresividad constructiva y la destructiva, y comiencen a intervenir y no permitir la agresividad destructiva que se descarga contra los miembros más débiles.

ACTÚA. NO SON COSAS DE NIÑOS

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Mónica Serrano Muñoz

Psicóloga especializada en Maternidad y Crianza Respetuosa. Crecimiento personal. Acompañamiento en momentos de cambio y crisis.

Asesoramiento. Terapia.

Directora de la Formación de expertas Maternidad Feliz-Crianza Respetada

Col. Núm. M26931

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