¿Te has encontrado alguna vez criticándote, diciéndote lo poco que vales o lo mal que sueles hacer las cosas? ¿Te has sorprendido juzgándote duramente o recriminándote tu forma de ser actuar o sentir?

A veces, una misma llega a ser la persona que peor se trata, la que menos se cuida a sí misma, la que se hace las más duras críticas o se recrimina sin compasión. A veces una misma es quien se explota, no se permite descansar o se deja siempre para la última.

Lo he visto en muchas personas, especialmente en mujeres, y en mí misma, por su puesto. Muchas veces nos comportamos como nuestras peores enemigas. Elaboramos un relato o n discurso interno tan peyorativo y descalificante que, probablemente, no toleraríamos a otro pero sí nos permitimos a nosotras mismas.

A lo largo de nuestra vida, desde niñas, hemos interiorizado el discurso externo que penaliza el fallo, que condena el error y nos pone un canon (físico, psicológico, emocional y comportamental) inalcanzable, que nos lleva a una frustración constante.

Nunca llegamos a ser suficientemente bellas, suficientemente inteligentes, suficientemente exitosas, suficientemente buenas madres, suficientemente buenas profesionales, suficientemente organizadas, suficientemente emocionalmente equilibradas, suficientemente delgadas, suficientemente cultas, suficientemente buenas cocineras y un largo etcétera interminable que puede resumirse en que nos transmiten que nunca llegamos a ser suficientemente válidas. Y esto, desgraciadamente, nos lo creemos, lo interiorizamos y nos relacionamos con nosotras mismas desde ese prisma.

Una vez introyectada esta idea: “no soy suficientemente válida”, es fácil que el relato sobre una misma sea despectivo, acusador, desaprobatorio, descalificante. Y a partir de este relato, la experiencia emocional de la persona que se relaciona así consigo misma suele ser de angustia, vergüenza, desconexión, indefensión.

¿Te reconoces en esta historia? Yo sí, y todavía, algunas veces, caigo sin darme cuenta en este discurso destructivo, casi de manera automática. Y no sólo se trata del discurso, sino también de la falta de autocuidado, de la autoexplotación a la que nos sometemos muchas veces, de no autocomplacernos, de dejarnos siempre para después.

Es algo que las mujeres tenemos muy interiorizado por la manera en que hemos sido educadas, por la tendencia social general, las desigualdades de género y las agresiones del sistema patriarcal.

Sin embargo, poco a poco, cada vez somos más mujeres que, desde la toma de conciencia, estamos llevando a cabo trabajos personales para la deconstrucción de estos introyectos, para acercarnos a relaciones de profunda autoaceptación con nosotras mismas que nos permitan tratarnos mejor, cultivando la autocompasión y la no violencia hacia una misma, el autocuidado y la autovaloración.

Este trabajo de desarrollo personal se puede realizar de diferentes maneras. Al ser procesos tan íntimos cada persona irá encontrando los recursos y el acompañamiento que necesite.

Desde mi labor profesional, yo tengo mi propia propuesta de acompañamiento a las mujeres que quieran iniciar este trabajo conmigo: Si deseas realizar un trabajo personal que te ayude a lograr una vivencia emocional aceptante, establecer una relación compasiva y cuidadosa contigo misma y tener relaciones menos violentas con los demás, consulta la información de mi nuevo proyecto on-line: Vivencia Emocional Aceptante. Todos los detalles aquí: https://www.psicologiaycrianza.com/vivenciaemocionalaceptante/

Mónica Serrano Muñoz
Psicóloga especializada en Mujer, Maternidad y Crianza Respetuosa, Desarrollo Personal
Col. Núm. M26931
Consulta, terapia, grupos de apoyo, asesoramiento
Directora de la formación Maternidad Feliz – Crianza Respetada
Petición de información en: info@psicologiaycrianza.com