Observar y analizar la imagen que queremos de nosotras como madres, el ideal que tenemos, lo que queremos transmitir a los demás… es la base de lo que en muchas ocasiones nos recriminaremos a nosotras mismas. Por ejemplo, la mujer que valora mucho la paciencia o el no gritar, tendrá dificultades para personarse los momentos en que no se comporte como tal o incluso los momentos en los que desearía actuar de manera contraria a su ideal. Es ese ideal el que muchas veces nos hace entrar en guerra con nosotras mismas y nos impide aceptar.

Lo mismo sucede con los hijos y los ideales y expectativas que tenemos sobre ellos, sobre cómo deberían o nos gustaría que fueran, y entramos en lucha con lo que en realidad son. De nuevo, encontramos dificultades para aceptar.

Cuando nos relacionamos con la realidad y las personas desde la experiencia presente, reconociendo los ideales y expectativas como parte de la experiencia pero no como requerimiento o deber, la aceptación se va produciendo de manera espontánea.

Para poder aceptar a los demás, es necesario poder aceptarse a una misma.

 

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Mónica Serrano Muñoz

Psicóloga especializada en Mujer, Maternidad y Crianza Respetuosa, Desarrollo Personal

Col. Núm. M26931

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