Cuando unos futuros papás se plantean qué necesitan adquirir para cuando nazca su bebé, entre los innumerables artículos que se les ocurren, muchas veces se olvida un portabebés ergonómico.
Para otros, el portabebés se reduce a la típica mochila comercial que se usa de vez en cuando por razones prácticas (por ejemplo, cuando se va a ir a un lugar para el que el cochecito es incómodo).
Sin embargo, el uso de un portabebé es mucho más que eso si se conoce (recomendándose siempre un portabebé ergonómico).
Portar al bebé en un portabebé es la manera más natural de llevar al bebé. Así se ha hecho a lo largo de la historia en todas las culturas. Esta forma de ser llevado es enormemente placentera y tranquilizadora para el pequeño que durante los primeros meses de vida necesita contacto permanente con su madre.
El portabebé nos permite evitar la separación forzosa que supone el uso de cochecitos de paseo, cunas o tronitas, tan valoradas en nuestra cultura y que muchos bebés detestan desde el principio. Esta separación física puede ser muy estresante para los bebés pequeños. Colocarlos junto a nosotros en un portabebé garantiza su bienestar y permite a la madre realizar distintas tareas con su bebé junto a ella.
Es más, el portabebé no sólo sirve para transportar al bebé. Es un recurso que puede utilizarse en cualquier momento para tranquilizar al bebé o para que descanse un rato de forma relajada y feliz.
Así pues, los portabebés ergonómicos son una herramienta muy útil para la crianza. Facilitan muchos aspectos del día a día de la familia, especialmente en lo relacionado con calmar al bebé y fomentar un sueño tranquilo.
Por todo ello, es recomendable para todos los padres de bebés pequeños plantearse usar un portabebé ergonómico. Incluirlo en la canastilla del recién nacido es una manera de que los padres dispongan de este recurso tan completo desde la llegada del bebé.