Ahora mismo, las redes han cobrado más importancia de la que ya tenían en nuestra vida social. El confinamiento las ha convertido en nuestra puerta virtual al exterior, en el escaparate en el que mostrarnos.

Desde que empezamos a ser conscientes de la crisis que estamos viviendo, junto con el inicio del confinamiento, he observado una tendencia bastante general en redes sociales a mostrar y proponer miles de actividades, rutinas, propuestas… para hacer en el confinamiento, acompañadas de la muestra de un estado de ánimo positivo, marcado de la idea de «aprovechar» esta situación que la vida nos ha dado para crecer, aprender, construir, reinventarnos…

Sin embargo, por mi profesión, conozco a muchas personas, y muchas de ellas han hablado conmigo desde que inició la pandemia, de manera individual, con la confianza que tenemos, compartiendo conmigo su tristeza, su miedo, su angustia… 

Muchas personas (entre las que me incluyo) tienen miedo, están tristes con lo que está pasando, sienten la incertidumbre y la pena, y todo esto les lleva al desánimo en general.

Muchas personas están viviendo diversos duelos, no están en momento de empezar nuevas actividades o reinventarse profesionalmente justo ahora.

Pero la sociedad, a través de sus escaparates virtuales solo nos muestran la cara amable del confinamiento, la posibilidad de hacer nuevas actividades, cuidarse desde casa, revitalizar proyectos… pero no se muestra la cara triste, atemorizada o apática de esta situación.

De esta manera, los sentimientos de tristeza, apatía, dolor o miedo se viven con una fuerte sensación de soledad y frustración por no compartir la falseada mirada positiva y optimista que la sociedad se esfuerza por mostrar.

¿Te has sentido tú también de esta manera, sin espacio común para la tristeza o el miedo?