Todas tenemos hábitos de comunicación no respetuosa que nos resultan muy difíciles de cambiar. Muchas personas, aun deseando establecer dinámicas de comunicación mucho más positivas con sus hijos, no lo logran.

Esto es así porque el modelo sobre el que aprendimos a comunicarnos está basado en dinámicas agresivas, negativas y adultocentradas, en las que el respeto a los niños no se contemplaba.

Estos esquemas de comunicación forman parte de nuestro bagaje emocional, cognitivo y actitudinal de una manera muy profunda. Por ello es tan difícil alejarse de él y establecer formas de comunicación más positivas.

Así pues, para lograrlo, muchas veces es necesario un trabajo personal importante e, incluso, apoyo por parte de otras personas.
Por esto, te propongo un ejercicio de autoconocimiento y toma de conciencia que servirá como base para romper con el modelo negativo que la mayor parte de nosotros adquirimos en nuestra infancia. Sólo a través del conocimiento de una misma y el análisis críticodel modelo de manera consciente, seremos capaces de comenzar a trabajar por una comunicación más respetuosa y positiva con los hijos.

El ejercicio consta de 7 prácticas que te guiarán en el análisis del modelo negativo para poder romper con él de manera real y consciente. A continuación se explican los pasos:

1. Registro detallado de situaciones en las que ha habido una comunicación agresiva hacia tus hijos: gritos, amenazas, etiquetas, generalizaciones, frases despectivas… 

Durante una semana, se registrarán las situaciones en las que te comunicaste con tus hijos de una manera no respetuosa: gritos, amenazas, etiquetas, silencios castigadores, comentarios despectivos…
El registro de cada una de las experiencias comunicativas negativas debe contener la siguiente información:

Fecha, hora, situación en la que estabas cuando se inició la comunicación no respetuosa, descripción detallada del intercambio comunicativo no respetuoso, consecuencias.
2. Análisis del registro: situaciones que generalmente te desbordan. 

Después de haber registrado todas las situaciones de comunicación no respetuosa durante una semana entera, se leerá atentamente todo el registro con el objetivo de descubrir si existe alguna situación cotidiana que te desborde con más frecuencia y te haga comunicarte con tus hijos sin respeto. 

Por ejemplo, antes de salir de casa por las mañanas o la hora de acostarse suelen ser complicadas para muchas familias.

Si se observa que hay una o varias situaciones concretas en las que la comunicación sin respeto se repite, tendremos que señalar esas situaciones como de riesgo y estar más alerta en las mismas para no desbordarnos.

3. Análisis de tu objetivo cuando te comunicas agresivamente.

Es importante reflexionar en el registro sobre qué objetivo se suele entrever en las interacciones no respetuosas. Generalmente, este tipo de interacciones se producen para conseguir algo por parte del adulto.

Una vez realizada la reflexión, hazte la siguiente pregunta: ¿el logro de tu objetivo es realmente necesario? En caso de que la respuesta sea afirmativa, ¿puedes lograrlo de otra manera? En caso de que la respuesta sea negativa, ¿eres capaz de prescindir de el?

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4. Recuerdo de situaciones de tu infancia en las que tus padres te hablaron agresivamente. ¿Cómo te sentías? ¿Cómo crees que se siente tu hijo cuando le hablas así?

Este ejercicio activa la empatía y, además, nos permite detectar la base de nuestra comunicación no respetuosa. 

5. Visualización: retoma las situaciones del registro del punto 1 y visualiza a otras personas dirigiéndose así a tus hijos (su maestra, un vecino, un amigo cuando sea adolescente, su pareja en el futuro). ¿Cómo te sientes? ¿Cómo te gustaría que reaccionas tu hijo en esas situaciones?

Esta visualización permite tomar conciencia sobre lo negativa e irrespetuosa que es esta manera de comunicarnos, de una forma objetiva. Al imaginar a otros haciéndolo, vemos más claramente lo negativa que es.

6. Habla con tu hijo. Enséñale cómo te gustaría que reaccionase si alguien le habla agresiva o despectivamente y proponle que te responda así cuando lo hagas tú.

La visualización anterior te ha permitido tomar una perspectiva objetiva, ante la cual has podido identificar cómo te gustaría que tu hijo reaccionase ante situaciones comunicativas agresivas. 

Para que lo pueda aprender, lo primero es que detecte y sea consciente de que no debe permitir este tipo de interacciones. A nadie. Ni si quiera a sus padres. Y poner en marchas estrategias de reacción asertiva ante las mismas.

Mónica Serrano Muñoz
Psicóloga especializada en Maternidad y Crianza Respetuosa
Col. Núm. M26931
Consulta presencial (en Madrid) y online.
Petición de cita en: psicologa@bambulah.es 

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7. Pídele perdón por las veces que te has dirigido agresiva o despectivamente hacia él y comprométete con él a intentar establecer una comunicación más positiva y respetuosa.

El compromiso con tu hijo será el impulso para mejorar la comunicación entre vosotros.

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