Los niños pequeños suelen fluir con vitalidad en el «aquí y ahora». La exploración y el juego son acciones infantiles en las que este fluir se observa perfectamente.

Cuando el adulto dirige al niño en su actividad cotidiana, con órdenes constantes, normas excesivas y consejos permanentes, el niño se va desconectando de esta capacidad de fluir en la vida, se va desconectando de su espontaneidad y autenticidad.

Así, después, de adultos, hemos de buscar terapias que nos ayuden a recuperar esa capacidad perdida de fluir en el momento presente y de conocernos en nuestra esencia.

Como madres, podemos revisar las órdenes que damos, las normas que establecemos, las indicaciones, instrucciones, pautas que damos a nuestros hijos a diario y analizar cuál es la intención profunda que hay detrás de ellas. Sería interesante ver hasta qué punto estamos respetando al niño en su esencia, desde lo concreto y presente, o si estamos tratando de moldear a la persona para sacarla de donde está y se vaya transformando en lo que nosotras o la sociedad queremos que sea.

Para mí, no existe nada más perverso que la idea de educar «hombres y mujeres de provecho».

Mónica Serrano Muñoz

Col. Núm. M26931

Psicóloga especializada en Maternidad y Crianza Respetuosa. Crecimiento personal. Acompañamiento en momentos de cambio y crisis.

Asesoramiento. Terapia.

Directora de la Formación de expertas Maternidad Feliz-Crianza Respetada

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