La agresividad es un mecanismo innato de respuesta ante estímulos amenazantes. Ante un peligro los animales sanos pueden comportarse de dos formas distintas que dependen de su estado y del análisis de la situación que realiza su sistema nervioso. Las dos formas típicas de respuesta ante una amenaza son la huida y el ataque. Ambas reacciones están mediadas por hormonas y neurotransmisores que se secretan en el organismo en respuesta al miedo. 

 

Los mamíferos tienen sistemas de respuesta al miedo que están reguladas por lo que se conoce como eje HHA (hipotálamo-hipófisis-adrenal). Estos sistemas forman parte de los mecanismos de adaptación al estrés, fundamentales para la supervivencia y cuyo objetivo es “mover” al animal para que realice una acción que le permita recuperar la homeostasis (equilibrio).

 

Cuando la acción es exitosa y el objetivo (recuperar la homeostasis) se cumplen se secretan otras sustancias y se activan rutas neurológicas que permiten al animal repetir la misma acción ante el mismo tipo de peligro. Esta es la base del aprendizaje. 

 

El ser humano es un mamífero y comparte con todos los mamíferos los mismos mecanismos de adaptación al estrés. Pero además el ser humano es un mamífero gregario, social, probablemente el que establece relaciones sociales más complejas, basadas además en un mecanismo de comunicación único como es el lenguaje oral. 

 

Esto quiere decir que el ser humano depende del grupo para sobrevivir, es decir, una gran parte del estrés que gestiona un ser humano viene de la interacción con otros seres humanos. Los mecanismos que regulan la formación de vínculos están también controlados por el eje HHA y ambos están relacionados entre sí. 

 

Aprender a manejar la respuesta agresiva frente a las amenazas es parte del proceso de desarrollo de un niño. Adquirir las habilidades sociales que permitan modular esa respuesta y evitar las agresiones físicas, verbales e incluso psicológicas, respondiendo de forma asertiva y efectiva es, probablemente el aprendizaje más complejo al que los seres humanos nos enfrentamos. Empieza en la infancia. Aunque probablemente dure toda la vida. 

  

Artículo redactado por Irene García Perulero. (www.irenegarciaperulero.com)