Os cuento una historia real sobre trabajo de autoestima incondicional que he acompañado yo en terapia.

La persona acudió a consulta expresando que estaba siempre enfadada y de mal humor.

A través del trabajo de autoconocimiento, fuimos detectando creencias limitantes y dinámicas de discurso interno que la ponían constantemente en una sensación de amenaza y frustración. Se recriminaba, se reprochaba, se desvalorizaba continuamente.

Y esto le llevaba a no ser capaz de poner límites a otras personas, así que se sometía a los demás, a sus deseos, a sus necesidades, con la esperanza de recibir cariño y reconociniento.

No se sentía merecedora de afecto por ser ella, sino que sentía que tenía que ganarse el afecto de los demás. Y se lo intentaba ganar dando, aportando, complaciendo, permitiendo hasta la extenuación.

Pero desde esa posición de mendicidad afectiva, no sentía el cariño de los otros y mucho menos el reconocimiento, lo que sentía era abuso por parte de los demás hacia ella. Y esto le hacía sentir cada vez más enfadada y frustrada. Al final sentía que le caía mal todo el mundo, básicamente.

A través de las sesiones, fuimos trabajando herramientas de de auto conexión, de conciencia sobre sí misma, trabajamos dinámicas de aceptación incondicional y transformación de discurso interno.

Trabajamos también el desarrollo de la autoindulgencia, la mirada compasiva y la lealtad hacia sí.

Y poco a poco, fue integrando un trato mucho más amable consigo misma y empezó a sentirse más en paz progresivamente.

Esto le llevó a poder poner límites a los otros de una manera natural, pues la conexión consigo y el buen trato que había decidido darse le llevaban a ello. Empezó a sentirse merecedora de cariño y respeto por quien era y no por lo que aportaba.

Empezó a percibir el reconocimiento que antes anhelaba, y se alejó de relaciones tóxicas.

Sus relaciones mejoraron, se equilibraron y se desvaneció la sensación de abuso, pues hubo muchas relaciones a las que puso un punto y final (feliz para ella) y las que quedaron se empezaron a transformar en algo más equitativo.

Y dejó de estar siempre enfadada y, sobre todo, empezó a permitirse sentirse bien.

¿Te imaginas amarte siempre, sin condiciones?

Te imaginas…

  • Apagar esa voz interna que te machaca
  • Dejar de juzgarte, de criticarte y de sentir que no vales nada
  • Terminar con la sensación continua de enfado y de mal humor

Sí, existe otra forma de relacionarte contigo misma.

Y si lo deseas, puedes:

  • Elegir amarte, independientemente del momento de tu vida que atravieses
  • Aceptarte tal y como eres

Te acompaño a descubrir la autoestima incondicional, ¿te atreves?

Bienvenida a la revolución del autoamor

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