Hola. Soy madre de un niño de 18 de meses al que crío en solitario desde que nació, pues me separé de su padre poco después de que él naciera.

Al padre apenas lo conoce, no vive en nuestra misma ciudad y lo ha visitado 3 ó 4 veces desde que nació, nada más, así que el contacto con él es prácticamente nulo y no se hace cargo del niño ni a nivel económico ni a nivel afectivo.

De momento, supongo que debido a su edad, nunca me ha preguntado, pero sé que llegará el día en que lo haga y le tendré que dar una explicación.

Me gustaría que me dieses alguna orientación sobre cómo hacerlo.

Muchas gracias.

Estimada amiga. Muchas gracias por utilizar este espacio para plantear tus dudas.

En el caso de las mamás solas, la cuestión sobre el relato de la historia del padre suele generar dudas a la madre.

Todas queremos hacerlo de la manera más favorable para nuestro hijo, de una forma que no le haga daño, es más, que le haga fuerte y feliz, si es posible. Sin embargo, en muchas ocasiones no sabemos identificar esta manera.

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Lógicamente, cada historia y cada familia tiene sus peculiaridades, pero a grandes rasgos, puedo hacerte algunas recomendaciones.

En primer lugar, es esencial que seas consciente que la información sobre el padre forma parte de los orígenes de tu hijo, y esto es esencial para la construcción de su historia personal, base de su autoconcepto y su autoestima.

Por ello, es muy importante que tu hijo disponga de información sobre su padre, toda la que sea posible en cada caso. Saber cómo es físicamente, lo que le gusta, algunos rasgos de su personalidad, etc. permitirán al niño encajar al padre en su historia personal de una manera más real.

Es fundamental contarles a los niños historias que sean verdad, no debemos mentirlos jamás, pues esto les generaría mucha inseguridad. No obstante, es de vital importancia seleccionar que aspectos de esa verdad queremos transmitir.

Con esto quiero decir que todo lo que les contemos debe ser verdad, pero no hay que contarles absolutamente todo. Se trataría de una verdad matizada, positivizada.

Por ejemplo, podemos contar que su padre vive muy lejos, que está trabajando y que por eso no viene a visitarlo a menudo, en vez de decir “tu padre es un egoísta irresponsable que no viene a verte porque no quiere”. Tal vez lo cierto es que es un egoísta irresponsable y, con el paso del tiempo, el niño lo acabará descubriendo, pero en principio es mejor para él que se le trasmita información sin carga emocional negativa.

Al fin y al cabo, debemos tener presente que él procede de su padre, al menos biológicamente. Su padre es el 50% de sus orígenes biológicos, por lo tanto es importante que le transmitamos los aspectos positivos de esa persona. 

Es necesario hacer un análisis que nos permita recordar lo bueno de él, lo que nos gustó cuando le conocimos, las cualidades que percibimos. Todo el mundo tiene cosas buenas y, por muy deteriorada que pueda estar la relación entre ambos padres, es esencial que sepamos identificar dichas cualidades y transmitírselas a nuestro hijo en un acto de generosidad hacia él.

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De este modo, el niño podrá integrar en su historia de vida, sus orígenes a partir de los personas con cualidades.

En ningún caso se deben generar falsas expectativas, como por ejemplo “va a venir a verte” o “es astronauta y por eso no puede venir” cuando sabemos que esto no es verdad. Simplemente, debemos transmitir expectativas realistas sin carga emocional negativa, sin potenciar la sensación de abandono. Así, podemos decirle “tu papá no puede venir” en vez de “no quiere venir”.

Lógicamente, a medida que los niños crezcan, las explicaciones tendrán que ser más elaboradas y detalladas y algunas que servían cuando eran pequeños, dejarán de servir y habrá que transformarlas.

Es fundamental potenciar las fortalezas en cuanto a relaciones afectivas. Es importantísimo fomentar los vínculos del niño con otros familiares y personas cercanas, además de la madre. Es esencial transmitirle al niño que es un ser muy querido por muchas personas, un ser muy valioso e importante y que siempre va a estar acompañado, cuidado y amado.

Respecto a cuándo hablarle de su padre, es positivo hacerlo como proceso, con naturalidad, poco a poco, según vayan surgiendo oportunidades que permitan comentar el tema. En cuanto a la edad, yo recomiendo hacerlo desde siempre, no hay una edad de inicio concreta, si no desde que el niño pueda ir comprendiendo el lenguaje, para que vaya conociendo e integrando la información paulatinamente, de manera gradual.

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Asimismo, es muy recomendable fomentar el contacto con otras familias monoparentales, para posibilitar la identificación del niño con un grupo social de referencia.

Con todo esto, espero que mis orientaciones te sirvan de ayuda y que no dudes en contactar conmigo para cualquier aclaración a través del correo psicologa@bambulah.es

Un abrazo fuerte,