Mi hija tiene dos años y medio. Como suele pasar con todos los niños, mucha gente se para por la calle a saludarla, decirle cosas… adultos desconocidos.

 

Ella pone cara de enfadada, gira la cabeza, rechaza la interacción con esas personas.

 

Yo no sé cómo actuar en estas situaciones, si decirle que tiene que saludar (por buena educación) o respetar que no salude si no quiere.

 

¿Qué me aconsejas?

 

 

Estimada amiga. La cuestión que planteas es muy frecuente pues, como dices en tu consulta, a la mayoría de los niños se les acercan adultos desconocidos por la calle a saludarlos.

 

Cuando un adulto desconocido inicia una interacción con un niño, el niño puede reaccionar de diversas maneras. En muchas ocasiones, mostrará rechazo a la interacción.

 

Lógicamente, el niño está mostrando inseguridad ante una persona que no conoce. Si nos ponemos en su lugar, a nosotros mismos nos causaría inseguridad que otra persona se nos acercase y se pusiese a hablarnos sin conocernos de nada.

 

Cierto es que lo socialmente esperado del niño es que salude, sonría e, incluso, le diga algo gracioso a ese desconocido que amablemente se le ha acercado. Sin embargo, esto no siempre sucede así y es una expectativa adultocentrista basada en la satisfacción del objetivo del adulto, olvidando las necesidades del niño.

 

En realidad, cuando un niño rechaza una interacción social con un desconocido está poniendo en marcha de forma natural mecanismos de protección que podrían llegar a ser muy útiles.

 

Aunque el peligro real de la situación es nulo, pues por lo general el adulto desconocido tiene buenas intenciones y el niño está acompañado por su madre, el niño está percibiendo un peligro potencial, pues una persona que no conoce ha iniciado una interacción con él y ésta podría no ser segura.

 

Los niños consolidan la capacidad cognitiva de atribuir objetivos, intenciones, expectativas y pensamientos propios a otras personas hacia los 4 años de edad. Esto se conoce como Teoría de la Mente y antes de los 4 años, los niños no tienen esta capacidad madura.

 

De este modo, un niño de 2 años que no quiere saludar a un desconocido no está atribuyendo una mala intención a esa persona, simplemente percibe inseguridad ante algo que no conoce.

 

Esta sensación de inseguridad debe ser comprendida por los adultos y respetada, pues puede proteger al niño de situaciones desconocidas en las que sí exista un peligro real.

 

Si tratamos de obligar al niño a saludar a adultos desconocidos, apelando a la “buena educación” estamos transmitiendo al niño que debe primar la satisfacción de la expectativa del adulto desconocido antes que la satisfacción de las propias necesidades.

 

La interiorización de este mensaje por parte del niño deja desprotegido ante situaciones realmente peligrosas o dañinas, pues entenderá que debe satisfacer al otro por encima de su propio bienestar.

 

Por lo tanto, no es beneficioso para el niño que se le trate de obligar a aceptar esas interacciones que inician desconocidos. Para gestionar la incómoda situación podemos comentar con amabilidad al adulto que el niño no le conoce y por eso no lo quiere saludar. Esto debe decirse con naturalidad y sin poner etiquetas ni emitir juicios de valor del tipo “es que es muy tímido” o “es que le da vergüenza”.

 

De este modo, estamos permitiendo el desarrollo de un mecanismo de autoprotección en el niño y fomentando su asertividad como capacidad de velar por la satisfacción de las propias necesidades y deseos.

 

Mónica Serrano Muñoz

Psicóloga especializada en Maternidad y Crianza Respetuosa

Col. Núm. M26931

Consulta presencial (en Madrid) y online.

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