La implicación fundamental es que para poder educar sin premios ni castigos tenemos que atrevernos a dejar de controlar a nuestros hijos. Tenemos que partir de esta premisa. Vamos a perder parte del control sobre ellos, sobre la persona a la que estamos educando y criando. Y vamos a centrar ese control en una protección y garantía de la seguridad física y emocional del niño, pero tenemos que limpiar la idea de controlar qué es esa persona, quién es esa persona, en qué se va a convertir.

Tenemos que partir de la base del respeto al individuo como ser al que nosotras acompañamos pero que no tenemos que convertir en lo que nosotras queremos. Y por lo tanto nos atrevemos a dejar de controlar su desarrollo, su propio camino.

En primer lugar tenemos que tener en cuenta la confianza en su capacidad. No podemos pretender educar a una persona libre de premios y castigos si no confiamos en su capacidad de desarrollarse adecuadamente, en su capacidad de tomar decisiones, en su capacidad de realizar su camino desde su manera esencial, desde su forma de ser, individual, sin tener que ser dirigido por otro para lograr hacer las cosas de la manera que nosotras consideramos adecuada.

La aceptación incondicional se relaciona directamente con aceptar incondicionalmente a la persona que tenemos delante. A la persona en su globalidad, tal y como es, o tal y como se va desarrollando. Esto no implica que nos guste o aceptemos cada una de sus acciones. Habrá acciones que toleremos y otras que no, en momentos o situaciones determinadas.

La persona en esencia es aceptada de manera incondicional como ser individual que es. Sus acciones concretas pueden tolerarse o no, pero la persona en sí es aceptada. Si aceptamos a la persona en sí, vamos a encontrar más sencillo prescindir de premios y castigos.

El respeto a su libertad tiene que asimilarse, relacionado a todo lo anterior, como el respeto a la capacidad de la persona de tomar sus propias decisiones desde su voluntad. La libertad que le permite elegir o decidir, su manera de actuar o pensar como ser individual, al que acompañamos pero es una persona diferente a nosotras.

Si queremos preservar la libertad del niño, entenderemos que debemos prescindir de estos premios y de estos castigos.

Mónica Serrano Muñoz

Psicóloga especializada en Maternidad y Crianza Respetuosa. Crecimiento personal. Acompañamiento en momentos de cambio y crisis.

Asesoramiento. Terapia.

Directora de la Formación de expertas Maternidad Feliz-Crianza Respetada

Col. Núm. M26931

info@psicologiaycrianza.com