Cuando en una interacción con otra persona creemos estar actuando por el bien del otro y así se lo expresamos, estamos aventurándonos a decidir qué es lo bueno para el otro. Sin embargo, normalmente, lo auténtico es que estoy actuando para cubrir una necesidad mía, más que de la otra persona.

El “es por tu bien” falsea la relación porque generalmente, en realidad,  estoy actuando por mi bien. A mí me crea un problema lo que el otro hace.

Por ejemplo, el caso del niño que está trepando a gran altura y le digo que baje de ahí por su bien, que se va a hacer daño. Quizá es más sincero reconocer que me da miedo que se suba ahí porque pienso que se puede caer. Reconozco que el problema lo tengo yo, no se lo atribuyo al niño que está trepando y que no percibe que tenga ningún problema.

Tenemos que ser muy conscientes de quién tiene el problema, de dónde está el problema, para que la relación y la interacción sean auténticas. El otro probablemente no tiene ningún problema y el problema lo tengo yo, pero falseo diciendo “es por tu bien”. Sin embargo, la realidad es que quiero aliviarme yo.

Mónica Serrano Muñoz
Psicóloga especializada en Mujer, Maternidad y Crianza Respetuosa, Desarrollo Personal
Col. Núm. M26931
Consulta, terapia, grupos de apoyo, asesoramiento
Directora de la formación Maternidad Feliz – Crianza Respetada
Petición de información en: info@psicologiaycrianza.com
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