La autoexigencia en el ámbito profesional lleva a muchas mujeres a someterse a situaciones de autoexplotación cuando tienen proyectos profesionales propios. Reproducimos el modelo empresarial de explotación al trabajador en nuestros proyectos profesionales, siendo nosotras explotadoras y explotadas.

En proyectos profesionales relacionados con el mundo de la maternidad y la crianza respetuosa, además, hay una parte reivindicativa y de acción social que suele impregnar el proyecto profesional de pasión y voluntad de ayuda.

Tanto el modelo laboral explotador que tenemos como modelo, como la pasión reivindicativa y de ayuda, llevan a muchas profesionales del mundo de la maternidad consciente a caer en situaciones de autoexplotación durísimas.

Por una parte, las mujeres que inician un proyecto profesional por cuenta propia, suelen verse cuestionadas constantemente por personas de su entorno que anticipan fracaso, desconfían de sus posibilidades o infravaloran la capacidad de la mujer de generar un proyecto profesional económicamente sostenible.

Por otra parte están las falsas creencias asociadas al trabajo y el éxito, que dictan que el éxito profesional solo es posible si se trabaja duro, se renuncia al descanso, el placer y la vida personal y se prioriza el trabajo sobre el resto de aspectos de la vida de la persona.

Además, en proyectos profesionales asociados a la maternidad, la conexión emocional de la mujer con lo que realiza a nivel profesional deriva, en muchos casos, en el exceso de tiempo y dedicación al trabajo sin ser tedioso o desagradable para la persona, pues es un trabajo que le gusta o, incluso, le apasiona.

Con todo este caldo de cultivo, muchas profesionales caen en horarios de trabajo excesivos autoimpuestos, renuncias al propio descanso o al ocio, un esfuerzo inmenso casi por encima de las propias posibilidades, lo cual deriva en un descuido de sí misma y de sus relaciones personales.

Así, nos encontramos con personas que iniciaron proyectos profesionales con el fin de ser más libres en el ámbito laboral, de conciliar de una manera más real y de no tener que soportar situaciones de explotación en empresas, que de pronto se encuentran en situaciones de explotación autoimpuesta, casi sin ser conscientes de ello.

Y es que no es fácil tomar conciencia de estar autoexplotándose porque, como concepto, a priori podría parecer incoherente. Es sencillo más percibir la explotación a la que otro nos somete, pero cuando la explotación procede de una misma, el propio concepto en sí puede disfrazarse de otras muchas cosas ante nuestra conciencia.

Por ejemplo, podemos interpretar que no descansamos porque preferimos terminar el proyecto que tenemos entre manos, porque nuestras seguidoras merecen recibir nuestro servicio, porque deseamos llevar nuestro proyecto a un nivel superior, porque económicamente nos vendría bien, etc.

De esta manera, la autoexplotación puede quedar escondida detrás de diferentes excusas o pretextos que dejan en último lugar la salud, el descanso y el autocuidado de la profesional.

A largo plazo, esta autoexplotación suele conllevar un deterioro de la salud física, emocional y social de la persona que la sufre.

Por ello es sumamente importante que las profesionales vayan tomando conciencia de ello, reflexionando sobre el concepto y decidiendo cómo gestionar esta tendencia a la autoexplotación que la mayoría de nosotras hemos aprendido.

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