Muchas personas que empiezan a trabajar en el acompañamiento materno infantil tienen dudas o tienen un sentido ético en el que se juzgan por cobrar por sus servicios. El tema de los cuidados (a las madres, a los hijos, a los ancianos, …), es decir, los cuidados a personas en situaciones de vulnerabilidad en la sociedad, se ha profesionalizado: lo que antes hacían las familias, se organizaban para cuidar a los miembros más jóvenes, y a los miembros más mayores de la familia, y también cuidar a las mujeres embarazadas y mujeres puérperas, se ha profesionalizado por una cuestión socio-económica y laboral que nos exige estar dedicadas la mayor parte de nuestro tiempo al trabajo fuera de casa, tanto a hombres como a mujeres.

Entonces, las casas se quedan vacías porque los miembros activos y menos vulnerables salen a trabajar fuera del ámbito familiar. Y las personas en situaciones más vulnerables como los niños pequeños, las personas mayores, las embarazas o las puérperas quedan en un estado de necesidad de cuidados que sus familiares menos vulnerables ya no les pueden dar. Entonces esto se profesionaliza, los cuidados se profesionalizan y la familia contrata a otras personas que hagan esto que antes hacía la familia, y que la familia ya no puede hacer porque están en una vida laboral activa, pues la sociedad se ha organizado así.

¿Entonces qué pasa con las madres? Lo que antes hacían las mujeres de la familia: todo el acompañamiento emocional, el sostén, el asesoramiento que hacían otras mujeres de la familia o del entorno también se ha quedado vacío porque esas mujeres también están fuera del entorno familiar dedicándose al desempeño laboral, y ahí nos hemos encontrado con este vacío y se ha tenido que profesionalizar también el acompañamiento y el asesoramiento a las madres.

Así pues, al haberse profesionalizado todo esto porque el apoyo y el sostén que antes se encontraba dentro del hogar ya no se encuentra, éste se ha convertido en un servicio profesional, como el servicio profesional de una residencia de ancianos, o una enfermera, o una cuidadora de niños pequeños, también hay un servicio profesional de apoyo, sostén, acompañamiento y asesoramiento a la mujer que se convierte en madre, o que es madre.

Por lo tanto, al ser un servicio profesional, ha de ser remunerado, sin lugar a dudas, porque se está realizando dentro del ámbito laboral (no se está acompañando a las mujeres de la familia de manera natural, sino que nos hemos especializado para, laboralmente, dedicarnos a esto y cubrir este vacío que ha quedado en los hogares o en el ámbito familiar).

Pero como es una labor que, tradicionalmente, se ha hecho dentro de la familia, entre las mujeres, de manera desprofesionalizada y que, además, es una labor humana de mujer a mujer, se ha cuestionado el que este trabajo tenga que ser remunerado. Muchas veces nos lo planteamos hasta nosotras mismas.

En resumen: el vacío que ha quedado y por el que se necesita que existan las asesoras y acompañantes del ámbito materno-infantil se produce porque las personas que daban este sostén antiguamente han salido al mundo laboral, se han profesionalizado también y están ocupándose en el desempeño laboral. Por tanto, se llena este vacío desde lo laboral también, porque la asesora de maternidad también está dentro de este sistema económico.

Extracto de la Formación Online: Técnicas y recursos de acompañamiento humanizado para profesionales del ámbito materno infantil. Desarrollo de proyectos y crecimiento profesional

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