Consulta:

Tengo un niño de 17 meses. Lo hemos criado con actitud responsiva, pecho a demanda, colecho y muchos brazos, porque además de que nos hemos informado que era positivo para el niño, es lo que más natural y fácil nos ha resultado. Pero esto nos hace sentir diferentes, porque poca gente actúa como nosotros, y nos cuestionamos si hacemos lo correcto.


Ahora, lógicamente aún mama a demanda, aunque también come sólidos y papillas; y por la noche, mama cuando quiere. Yo nunca me planteé hasta cuándo le daría el pecho, porque pensé que con la alimentación complementaria iría disminuyendo y perdiendo interés. Pero no es así. Ahora le están saliendo las muelas y le molesta mucho, y pide pecho más que nunca. Además ha aprendido a decir “teta” y todo el día está “teta, teta”, creo que porque le duele la boca y es la manera con la que se calma. Le cuesta comer las papillas y come un poco de sólidos (antes sin problema), pero sobretodo teta. ¿Es una fase? ¿Disminuirá la demanda de pecho? 

Por otro lado, a veces me da vergüenza, porque pide en cualquier sitio a grito pelado, y si no le doy se enfada. ¿Es normal? Es que no se ven niños cómo él, que aún tomen pecho y lo pidan a gritos…



Respuesta:

Estimada Laura. Te agradezco la confianza depositada en mí al realizar tu consulta.

Comprendo perfectamente la sensación que expresas de “sentirte diferente” por tu estilo de crianza. Muchas veces, ese sentirse diferente llega, incluso, a convertirse en sensación de soledad. Yo acompaño a muchas mujeres que crían de una manera respetuosa a sus hijos y ése es un sentir muy generalizado.

También comprendo que os cuestionéis si estáis haciendo lo correcto, pues el no tener un referente o un modelo cercano de crianza similar al vuestro suele generar mucha inseguridad. Sin embargo, la realidad es que somos más familias de las que imagináis las que desarrollamos este tipo de crianza.

La cuestión que planteas sobre la demanda de la lactancia de tu hijo de 17 meses es muy interesante. Esperabas que, con el inicio de la alimentación complementaria, la demanda se redujese y te encuentras con que ahora está sucediendo lo contrario.

Esto que estáis experimentando tu hijo y tú es normal y les sucede a muchos niños. La edad de los 9 a los 24 meses (aproximadamente), es una etapa de grandes cambios en la vida del niño.

El inicio de la deambulación, el comienzo de la alimentación complementaria, el rápido e intenso desarrollo del lenguaje, la irrupción dentaria, el inicio de la escolarización de muchos de ellos y los nuevos aprendizajes y experiencias que viven cada día, convierten a esta etapa en una fase de la vida del niño de gran intensidad emocional.

Así, los niños de estas edades experimentan grandes emociones asociadas a todos esos cambios que están aconteciendo en su vida.

Esto les hace encontrarse, en ocasiones, más alterados y necesitan los apoyos que tienen a su alcance para sentirse seguros y relajados. La succión del pecho materno es uno de las estrategias más eficaces que los niños poseen para ello. Es por esto por lo que tu hijo te demanda mucho el pecho.

Como comentas en tu consulta, tu hijo parece estar muy incómodo a causa de la irrupción dentaria y por eso demanda tu pecho muy frecuentemente. La succión le calma el malestar que la irrupción dentaria le genera. Esto es completamente normal y la demanda se reducirá cuando esté menos molesto por la dentición.

Si tomamos una perspectiva empática con el niño, comprenderemos que necesita el pecho de su madre para poder afrontar con seguridad, confianza y bienestar emocional los cambios, experiencias y rápido desarrollo a los que se enfrenta.

Más adelante, acorde con el desarrollo de su lenguaje y su pensamiento, el niño comenzará a generar otro tipo de estrategias para calmarse y sentirse seguro, pero en este momento, la succión del pecho es la más eficaz y la más adecuada para su edad.

Piensa que todos los niños de estas edades utilizan la succión como medio para tranquilizarse. Loa diferencia es que la inmensa mayoría ya no tienen acceso al pecho de su madre y utilizan un chupete.

Nuestra sociedad “condena” la lactancia de los niños de más de unos pocos meses pero aprueba el uso de un objeto inerte de imitación. Esto se nos transmite a las madres que amamantamos durante más tiempo del que se considera “normal” de manera directa o velada, recibiendo constantemente un mensaje de desaprobación por parte del grupo.

Por ello, comprendo que en ocasiones llegues a sentirte avergonzada, pues la información que recibes del grupo es que debería sentir vergüenza por continuar amamantando a tu hijo.

Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud recomienda mantener la lactancia hasta que el niño tenga, al menos, 2 años y, a partir de entonces, hasta que la madre y el niño lo deseen.

En diversos estudios se ha encontrado que la lactancia materna que no se interrumpe de manera temprana aporta beneficios psicológicos al niño. De hecho, a pesar de los innumerables prejuicios culturales, no existe ningún estudio que asocie la lactancia materna mantenida en el tiempo con problemas de tipo social, si no todo lo contrario.

Se ha observado relación entre la lactancia materna mantenida en el tiempo y un mejor desarrollo cognitivo, psicomotor y del lenguaje y mayor agudeza visual. Esto tiene sentido, pues el desarrollo neuronal y psicomotor del niño continúa más allá de los 2 años de edad. Así, no es de extrañar que la lactancia después de los 2 años beneficie a este desarrollo.

La lactancia materna afianza el vínculo afectivo entre madre e hijo, por ello, la continuación de la lactancia estaría reforzando dicho vínculo durante más tiempo, lo cual beneficia al niño en cuanto a su desarrollo afectivo y emocional.

Cuando se permite al niño abandonar la lactancia de manera voluntaria se están evitando los problemas que conlleva el destete precoz. Si el niño no está preparado, finalizar la lactancia puede generarle inseguridad, ansiedad o estrés. La lactancia materna mantenida en el tiempo permite que sea el propio niño el que abandone el amamantamiento de una manera natural, progresiva, respetando su ritmo de desarrollo y de crecimiento.

Con todo esto quiero ayudarte a reconocer que la decisión de no interrumpir la lactancia de tu hijo es una decisión muy positiva para él y para ti. No obstante, es fundamental que te sientas cómoda con el amamantamiento.

El hecho de que tu hijo te pida verbal y vehementemente “teta” es completamente normal. Es más, nos está indicando que está poniendo en marcha los recursos que tiene disponibles para expresar lo que desea y conseguirlo.

Esto es muy positivo, pues tu hijo está aprendiendo a actuar para conseguir lo que necesita, a cuidar de sí mismo activamente (en la medida de sus posibilidades), a tomar decisiones y a autoafirmarse, pues identifica su necesidad y trata de satisfacerla. Estas estrategias son fundamentales para un adecuado desarrollo emocional y social.

La respuesta negativa de tu grupo social te está generando unas emociones (vergüenza, inseguridad…) que es importante que intentes manejar. Es recomendable que busques un grupo social de referencia acorde con tu estilo de crianza.

A través de las redes sociales de Internet, acudiendo a charlas y talleres sobre crianza respetuosa o participando en un Grupo de Crianza podrán encontrar otras personas que viven su maternidad/paternidad de manera similar a la tuya.

Con todo esto, espero haberte resuelto tus dudas. No obstante, quedo a tu disposición en psicologa@bambulah.es para cualquier aclaración, acompañamiento o asesoramiento que necesites.

Un fuerte abrazo,

Mónica Serrano

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