Consulta:

 
Mi hijo está en 3º de preescolar (5 años), entró un niño nuevo a su grupo y comenzó a pegarle.
 
Al principio yo le pedí que acudiera con su maestra, pero al ver q la situación seguía a pesar de hablar yo personalmente con ella, le pedí que se alejara del agresor, pero al ser parte de un grupo pues resultaba inútil ya que habían juegos donde participaban todos.
 
En una ocasión, mi hijo regresó con una marca de una mordida en la espalda. Hablé con la madre del niño y con la maestra, además de volver a pedirle a mi hijo que se alejara del niño!!! Pues igual me lo mordió de nuevo, y le golpeo la cara!! Lo encontré con la nariz sangrando a la hora de recogerlo!!! Terminé por decirle que se defendiera la próxima vez.
 
Mi niño es muy sensible y tenía miedo de hacerlo, se defendió en las próximas ocasiones pero igual lo tuve que cambiar de colegio porque las maestras jamás me tomaron en serio.

¿Qué se hace en casos como éste? No puedo protegerlo en la escuela como se haría en un parque de juegos o en una fiesta.
 
 

Respuesta:

 
Estimada amiga. Te agradezco tu consulta. Planteas una cuestión muy interesante que, por desgracia, sucede más frecuentemente de lo que nos gustaría.
 
Como expliqué en el artículo “Cuando otro niño pega a tu hijo”, en situaciones de agresiones entre niños el adulto debe intervenir, pues ha de transmitir consuelo y protección al niño agredido y demostrar expresamente su rechazo a cualquier tipo de actitud violenta.
 
Sin embargo, como bien expresas en tu consulta, en el colegio no están los padres para proteger, consolar y apoyar a sus hijos cuando éstos son agredidos por un compañero.
 
Cuando la actitud agresiva se produce en un contexto en el que los padres de los niños no están presentes (como en el colegio), es el adulto responsable de los niños quien tiene la obligación de intervenir.
 
En el caso concreto que planteas, es la maestra o la persona que en ese momento esté al cuidado de los niños quien ha de actuar ofreciendo protección y apoyo emocional del niño agredido.
 
Asimismo, en este caso, el adulto también es responsable del niño agresor. Cuando esto sucede en presencia de los padres, cada padre ha de intervenir actuando directamente sobre su hijo. Sin embargo, en la escuela, el adulto también ha de actuar en referencia al niño que ha cometido la agresión.
 
De este modo, tras haber consolado al niño agredido, el adulto debe preguntar qué ha sucedido y escuchar a ambos niños.
 
En cualquier caso, el maestro ha de mostrar su desaprobación hacia la actitud agresiva y ofrecer una alternativa de comportamiento no violenta.
 
No obstante, cuando se producen comportamientos agresivos en la escuela, es muy positivo que los maestros trabajen, a nivel grupal, dentro del aula, de manera transversal, cuestiones relacionadas con la resolución de conflictos y el desarrollo de habilidades sociales.
 
Asimismo, cuando un niño agrede repetidas veces a otros en la escuela, es importante que los profesionales del centro se lo comuniquen a los padres y, entre todos, traten de descubrir qué le está sucediendo a ese niño para tener ese tipo de actitud y le brinden el apoyo que necesite. Es probable que este niño esté exteriorizando, con la agresividad, un problema emocional.
 
Sin embargo, el trabajo que los profesionales realizan en las aulas, muchas veces, queda fuera del control de los padres. Así que, como padre o madre, vuestras competencias son defender los derechos de vuestros hijos dentro del centro escolar y velar porque se satisfagan sus necesidades.
 
En este sentido, ante un problema de agresiones entre niños en la escuela, los padres debéis transmitir inmediatamente a la maestra y a la dirección del centro lo que está sucediendo y solicitar que este tipo de actitudes sean adecuadamente gestionadas por parte de los profesionales responsables del centro.
 
En ningún caso debéis consentir las agresiones violentas entre iguales en el colegio. Es importante que exijáis a los responsables del centro que las eviten con rapidez. Ningún niño debe soportar ser agredido por otro en la escuela. Además, ningún niño agresor debe ser ignorado pues, posiblemente, estas agresiones están indicando que el niño que las emite tiene un problema y debe ser emocionalmente atendido.
 
Cuando, como en tu caso, las agresiones se producen de manera reiterada, es imprescindible que los responsables del centro eliminen este tipo de comportamientos de manera inmediata. Los padres debéis expresar rotundamente que no vais a tolerar comportamientos agresivos hacia vuestros hijos.
 
Asimismo, debéis exigir que, si en alguna ocasión vuestro hijo es agredido, se le acompañe emocionalmente, se le consuele y se le transmita protección y afecto.
 

Además, podéis solicitar que se os mantenga informados de qué medidas están poniendo en marcha para mejorar la convivencia escolar y prevenir actitudes agresivas entre los niños.

 

Del mismo modo, podéis comunicar al AMPA (Asociación de Madres y Padres de Alumnos) vuestras impresiones y necesidades, y tratar de encontrar respaldo en ella.
 
Si, aun así, los conflictos agresivos entre niños siguen produciéndose, es buena idea buscar otro centro educativo en el que se trabaje la convivencia escolar de mejor manera.
 
Lógicamente, en los colegios suelen producirse conflictos y es inevitable que algunos niños reaccionen con agresividad. Asimismo, debido al número de alumnos dependientes de un solo maestro, es de esperar que no todos los conflictos puedan ser supervisados por el adulto.
 
No obstante, lo importante en estos casos es la manera en la que la comunidad educativa se implica en la resolución de conflictos, su forma de promover la convivencia escolar y su compromiso con la educación para la no violencia.
 
Respecto a la cuestión que planteas sobre enseñar al niño a defenderse, es adecuado que lo hagáis, pero no a través del aprendizaje de respuestas violentas, sino del aprendizaje de respuestas no agresivas, pacíficas para defenderse, como evitar el conflicto, alejarse del agresor y pedir ayuda
 
Sin embargo, esto no exime al adulto su responsabilidad de intervenir. Tiene que ser el adulto de referencia quien gestione el conflicto y sirva de modelo para que los niños puedan ir aprendiendo a hacerlo por sí mismos de manera pacífica y respetuosa.
 
Por otra parte, a medida que los niños van desarrollando y perfeccionando sus habilidades de lenguaje, sus posibilidades de resolver pacíficamente los conflictos entre iguales se amplían.
 
Desde esta perspectiva, tanto los padres como los educadores pueden ayudar a los niños a aprender a gestionar los conflictos entre compañeros con respeto y sin violencia.
 
Sin embargo, es una realidad que vivimos en una sociedad violenta y que la escuela es un reflejo de ella en muchas ocasiones. Esto no puede obviarse, pues nuestros hijos crecen dentro de un contexto. Esto hace que, a veces, la educación para la no violencia sea complicada y nos encontremos solos y desamparados.
 
Aun así, debemos tener presente que cuando educamos a nuestros hijos sin violencia, les estamos dotando de habilidades sociales pacíficas importantísimas para su desarrollo social. No sólo se trata de eliminar las actitudes violentas, si no potenciar las estrategias adecuadas.
 
Con todo esto, espero que mi respuesta te haya aclarado tus dudas. Aun así, quedo a tu disposición para cualquier otra cuestión en el correo info@psicologiaycrianza.com
 
 
Un fuerte abrazo,
 
Mónica Serrano
 
 
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