Muchas mujeres se han construido socialmente desde la abnegación. Su figura social se basa en el servicio que prestan a otras personas, generalmente a sus familias. Y esos servicios suelen centrarse en los cuidados.

Entonces, está figura social de cuidadora, que sirve a los demás, se convierte en abnegada cuando se percibe a sí misma como secundaria, como menos importante que las personas a las que cuida, como menos merecedora de bienestar.

Y es que no es la mujer la que se construye a sí misma como tal, es toda la sociedad la que la configura como un sujeto enfocado en cuidar a otros que se percibe y es percibida como menos importante que las personas que son objeto de su cuidado.

Y así, desde esta construcción social y personal se cae en la abnegación de la mujer, la negación de sí misma como persona importante merecedora de cuidados y bienestar y, sobre esta base se inician y sostienen distintos tipos de abuso, desde los más leves a los más graves.

La percepción de las mujeres como personas cuya importancia esencial es el cuidado que aportan a otros, empaña la importancia genuina y natural de la persona por el hecho de ser persona.

Eres importante por ser tú, no solo por el servicio que prestas a los demás.

Este mecanismo se produce también muy frecuentemente hacia las personas que se dedican profesionalmente a tareas de cuidado, como profesionales sanitarios, psicólogas, cuidadoras infantiles, asesoras de maternidad, etc. Muchas veces, las personas dedicadas a este tipo de labores se ven eclipsadas por su profesión en sus relaciones personales y se ven despersonalizadas en mayor o menor medida por ello.


Mónica Serrano Muñoz

Psicóloga especializada en Maternidad y Crianza Respetuosa

Formación online de expertas en acompañamiento a la maternidad consciente y la crianza respetuosa.

Asesoras de maternidad.

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