La vergüenza y el miedo son emociones también presentes cuando desarrollamos proyectos profesionales enfocados a la maternidad y la crianza.

En los asesoramientos, talleres o labores de divulgación, las profesionales nos exponemos inevitablemente a los demás, pues damos a conocer nuestros criterios, ideas, sentires y actitudes en los contenidos profesionales que compartimos.

Esta exposición de aspectos personales en cuanto a formas de pensar, desde lo profesional, nos sitúa en una posición de mayor vulnerabilidad a recibir juicios por parte de los demás.

El miedo a recibir juicios negativos o la anticipación del juicio desde la vergüenza están presentes frecuentemente cuando nos vamos a exponer, cuando vamos a compartir ideas de crianza o maternidad, pues estamos compartiendo, en realidad, parte de nuestro desarrollo personal, de nuestra manera de ser o actuar, de nuestras creencias.

Todas las personas queremos guardar una imagen positiva ante los demás, así como mantener una buena autoimagen. Exponerse a los demás y abrirse a la posibilidad de ser juzgadas pone en riesgo dicha imagen e autoimagen. Cuanto mayor es la exposición, mayor es el riesgo.

El miedo y la vergüenza nos llevan a intentar salvaguardar nuestra imagen y, a veces, nos paralizan conduciéndonos a reducir la exposición.

Sin embargo, si la paralización es intensa y la reducción de la exposición elevada, el desarrollo profesional puede verse estancado.

La construcción equilibrada y consciente del propio proyecto profesional en cuanto a nivel de exposición, y la reflexión continuada sobre ello, es un aspecto que me parece básico en todo proyecto profesional enfocado a la maternidad y la crianza.

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