Una relación de ayuda es “toda relación en la que al menos una de las partes intenta promover en el otro el crecimiento, el desarrollo, la maduración y la capacidad de funcionar mejor”. La persona que ayuda tiene la capacidad, en ese momento, de intentar promover un mejor funcionamiento de la otra persona en determinados aspectos de su vida.
Las relaciones de ayuda (profesionales o personales) son susceptibles de convertirse en relaciones muy perversas si no se desarrollan con atención, consciencia y cuidado.
Cuando la persona que brinda la ayuda se posiciona en suplir una carencia del otro, mira al otro desde una perspectiva de falta o entiende que el otro necesita ser reparado, la relación se convierte en una interacción debilitante que desarma al solicitante de ayuda, lo deja sin recursos, dependiente del otro.
Este tipo de relación puede caer, asimismo, en una dinámica abusiva o violenta por parte del que recibe la ayuda que, al sentirse anulado o despojado de sus recursos personales, reacciona con violencia contra la persona que le brinda esa ayuda aplastante, en un intento de dejar de someterse.
Por el contrario, cuando la relación de ayuda se establece con una conciencia de igualdad, reconociendo la humanidad de todos los implicados en la relación, entendiendo la relación de ayuda como un espacio de aceptación incondicional y escucha que promueve el desarrollo libre, personal y único de la persona que solicita la ayuda, entonces es posible establecer una relación de ayuda no-violenta, facilitadora del desarrollo y crecimiento de ambos.
 
 
Mónica Serrano Muñoz
Psicóloga especializada en Maternidad y Crianza Respetuosa
Col. Núm. M26931
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