Una imagen bastante común cuando se trata de alimentación infantil es la del adulto tratando de convencer al niño de que se coma una cucharada más de comida cuando éste empieza a dar muestras de que ya no quiere más.
De hecho, esta actitud del adulto está bastante generalizada y muchas veces se pone en marcha de manera inconsciente. Se intenta que el bebé coma un poco más, independientemente de la cantidad que ya haya ingerido. Parece que ese extra rerconforta al adulto más que el resto de cucharadas que el bebé se comió sin necesidad de ser convencido.
Esto se produce desde el inicio de la alimentación complementaria del bebé. Se pone una cantidad de comida en el plato, el bebé ingiere parte de ella y el adulto trata de convencerle de que se coma «una cucharadita más». Si el bebé acepta, muy probablemente se intentará conseguir que se coma otra más y así, sucesivamente, hasta que el bebé se niegue en rotundo.
Esta situación, que se produce con mucha frecuencia en la mayoría de las familias, puede parecer intrascendente pero, en realidad, sí tiene cierta trascendencia.
Si lo analizamos, cuando el bebé da muestras de que ya no quiere comer más (se distrae, no abre la boca para comer, retira con su mano la comida…) nos está indicando que está saciado. Es decir, indica que sus necesidades ya están satisfechas.
Sin embargo, cuando un día tras otro el bebé se come una cantidad extra de comida motivado por el adulto, lo que está sucediendo es que se está acostumbrando a comer más cantidad de la que realmente necesita.
Así, la sensación de saciedad del bebé, que éste identifica y demuestra cuando ya no quiere comer más, pasa a convertirse en una sensación más intensa cuando se ha tomado la cantidad extra, «la/s cucharadita/s más». De esta manera, el bebé se acostumbra a esa sensación de saciedad intensa.
De esta manera, desde el inicio de la ingesta de los alimentos complementarios, el bebé se está acostumbrando, por norma, a comer más cantidad de la que necesita. Esto, si se convierte en un hábito, no es positivo para la salud del bebé.
Los hábitos alimenticios comienzan a adquirirse desde el inicio de la alimentación complementaria. Por ello, debe cuidarse qué se le enseña al bebé desde este comienzo.
Lo recomendable es permitir al bebé comer la cantidad que quiera y, cuando empiece a dar muestras de que no quiere comer más, retirarle el plato sin insistir. El bebé es perfectamente capaz de autorregularse y sabe qué cantidad de alimento necesita para satisfacer sus necesidades nutricionales.
El adulto debe ofrecer al bebé alimentos variados y equilibrados, pero debe dejar que sea el pequeño el que establezca la cantidad que necesita comer, teniendo en cuenta que no todos los días se tienen las mismas necesidades.
No debemos olvidar que los instintos naturales de los bebés están preparados para garantizar su desarrollo adecuado. Es importante no subestimarlos.