Promoción: Formación online sin premios ni castigos

El ser humano necesita ser aceptado por su grupo. Esta necesidad es real, natural, y viene marcada por la condición de ser social de la persona. Ningún ser humano podría sobrevivir aislado (o sobreviviría con mucha dificultad); de ahí, la necesidad de aceptación.

 

Por aceptación entendemos la consideración por parte de otro (o de uno mismo) de que una persona es válida.

 

Desde esta necesidad entiende por qué somos las personas tan sensibles a la opinión de otros, a lo que otras personas piensan o sienten sobre nosotros, a la satisfacción que produce sentirse aceptado y el malestar que produce el rechazo social. 

 

Los niños pequeños también sienten esta necesidad de aceptación, y el primer grupo en el que la persona desea sentirse (y necesita ser) aceptada es en el grupo familiar. Los niños, prácticamente desde que nacen, tenderán naturalmente a buscar esta aceptación.

 

La manera de buscar aceptación del niño dependerá de la información que las personas de su grupo familiar le den sobre lo que le hace ser válido.

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Premios y/o castigos: personas que no se conocen

 

Cuando se utilizan premios y castigos en la crianza de un niño, se está poniendo en juego de manera constante esta necesidad básica de sentirse aceptado por su grupo.

 

El premio se convertiría en la expresión tangible de la aceptaciónque el niño necesita y el castigo, por el contrario, sería la negación de esa aceptación.

 

Así, estaríamos condicionando al niño con una de sus necesidades básicas, estableciendo secuencias de aceptación-no aceptación, en una perversa dinámica en la que genera una inseguridad constante sobre si se va a satisfacer o no esta necesidad fundamental. 

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De esta manera, estaríamos impulsando al niño a actuar siempre en busca de aceptación. Todo el comportamiento del niño se regiría en dirección a obtener el premio que expresa la aceptación o a evitar el castigo que expresa la ausencia de ella.

 

Los castigos activan el miedo al rechazo y la actividad de la persona se organiza desde ahí, centrada en evitar ser rechazado.

 

Los premios activan la sensación de recompensa y la actividad de la persona se organiza para continuar obteniendo esta sensación.

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Así, el niño deja de escucharse, deja de atender a sus necesidades propias y se apropia de las de los demás, atendiendo a lo que el otro espera o desea de él. El niño deja su esencia para incorporar la satisfacción de las expectativas del otro como eje central de su acción.

 

Todo esto promueve que el niño se vaya desconectando de sí mismo, de sus emociones, de sus deseos, gustos e intereses personales. El autoconocimiento, así, pasa a ser muy pobre, pues el análisis del niño se centra en conocer lo que quieren, esperan o necesitan los demás, olvidándose de sí mismo.

 

De esta manera, la persona se desarrolla conociéndose muy poco, sin saber apenas identificar y gestionar sus emociones, sin estar nunca seguro de lo que necesita y de cómo lograrlo. Todo esto genera una sensación de insatisfacción permanentey de intenso malestar.

 

Con el uso de premios y/o castigos se desarrollan personas con tendencia a la sumisión y la obediencia, inseguras y con una autoestima débil.

 

Desde la aceptación incondicional y la escucha activa podemos criar personas libres, conscientes y válidas.

 

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