Ser madre es una circunstancia vital que se convierte en un estado vital de muchas mujeres en el mundo y a la largo de la historia, desde que el mundo existe: madres han existido siempre y hemos maternado siempre. Y nosotras hemos tenido madres y hemos observado otras madres, entonces ¿por qué existimos las asesoras de la maternidad?

La cuestión es que en la sociedad que vivimos, en la cultura occidental, la relación de las mujeres con su maternidad se ha visto influenciada por diferentes factores socio-económicos. La mujer que con la revolución industrial y la necesidad de mano de obra, ha de adoptar también un papel de trabajo fuera de casa, tiene que compatibilizar su vida como madre con su trabajo fuera de casa (aunque no todas las mujeres trabajen fuera de casa), es cierto que a nivel cultural y de inconsciente colectivo empieza a ver cambios de cómo se conceptualiza el maternaje.

Entonces, los modelos tradicionalmente válidos empiezan a tener que transformarse, y la manera de maternar con estos nuevos modelos incipientes también empieza a modificarse. Las relaciones entre las mujeres y sus hijos y la manera de vincular, empiezan a realizarse también de forma distinta, y sobre todo las relaciones entre mujeres que son madres.

La sociedad occidental y la economía capitalista empieza a forjar relaciones humanas mucho más enfocadas en la producción y el consumo y empieza a distanciar y a minimizar las relaciones que tradicionalmente se validaron muchísimo, las empieza a invisibilizar o a distanciar. Lo que es la maternidad y el maternaje empieza a ser cada vez menos rentable: la mujer que queda en casa con su bebé no produce y tampoco consume, o no necesita consumir tanto. Sin embargo, si la mujer que es madre se separa pronto de su bebé, sigue produciendo y el bebé tiene unas necesidades de consumo desde muy pronto porque ha sido separado de su madre, aunque solo sea de servicios de cuidado, le es más rentable a la economía capitalista.

Entonces, hay una desconexión grande entre los modelos que antes servían y los que ahora la sociedad intenta imponerlos a las mujeres.

Esto también supone que el contacto entre madres también es cada vez menor. Es decir, como la maternidad se va invisibilizando, se le va quitando importancia, se le van quitando espacios y tiempos dentro de la sociedad, el contacto entre mujeres que son madres y la posibilidad de observación y aprendizaje, el contacto entre nosotras es muchísimo menor, es casi inexistente.

Las mujeres cuando se convierten en madres se encuentran con una sociedad que no les respalda y con una falta de referentes abismal, porque nunca han podido detenerse a acompañar, a observar y compartir a otras mujeres que están maternando.

Por lo tanto, desde esta sociedad capitalista enfocada en la producción y el consumo, la mujer que se convierte en madre encuentra un vacío, una soledad inmensa, porque no tiene a otras que la puedan acompañar a ella. Elija lo que elija, reincorporarse al trabajo pronto y dejar a sus hijos al cuidado de otros o elija quedarse con los hijos, en todos los casos hay una desconexión fuerte con su propia maternidad.

Esto nos lleva a que surja esa necesidad de apoyo y referente, pero las mujeres no lo vamos a encontrar fácilmente en nuestro ambiente natural, en nuestras familias, en los grupos sociales en que nos desenvolvemos, lo cual nos lleva a la profesionalización del acompañamiento a las madres.

La falta de recursos naturales que se tiene nos va a llevar a tener que profesionalizar y buscar esa ayuda que está profesionalizada y va a haber una demanda de profesionales en este ámbito, como ya la está habiendo.

Como ya no se puede recurrir a la familia o al resto de las mujeres del grupo, porque, en general, hay una desconexión muy fuerte desde esa invisibilización e invalidación de la maternidad, no queda más remedio que buscar servicios de acompañamiento profesional: asesoramiento en maternidad, acompañamiento en maternidad, grupos de crianza, etc. pero lo hacemos de una manera profesional.

Así, el servicio de acompañamiento a la maternidad se ha profesionalizado por la falta de referentes y por la falta de ese recurso dentro de lo que es el ambiente natural de las mujeres. De ahí el sentido de la figura de acompañante de la maternidad.

Existe un aislamiento bastante evidente en el ser humano del mundo occidental, y existe un aislamiento más evidente todavía en las mujeres cuando se convierten en madres, porque la organización socio-económica es mucho más acelerada de lo que una maternidad reciente necesita. Las necesidades de una mujer puérpera, una mujer que está criando hijos pequeños, el ritmo en ese estado vital requiere mucha más lentitud, muchos más cuidados, ir reduciendo velocidad, … Y sin embargo, el ritmo de la economía capitalista es muy muy acelerado.

Parece que la mujer que se convierte en madre decelera su ritmo y es como si se quedase un poco aislada de la vorágine de la sociedad en activo. De ahí, el aislamiento más evidente cuando la mujer se convierte en madre y de ahí la necesidad de búsqueda de apoyo, de búsqueda de referentes, de búsqueda de acompañamiento profesional para poder reconectar con la maternidad, para poder reconectar con la crianza de sus hijos y de ahí la importancia de este acompañamiento y asesoramiento a las madres.

La figura de la asesora de la maternidad tiene un sentido y una importancia en la sociedad en que vivimos.

Extracto de la Formación Online: Técnicas y recursos de acompañamiento humanizado para profesionales del ámbito materno infantil. Desarrollo de proyectos y crecimiento profesional

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