Consulta:

Me gustaría que me indicaras como proceder en mi caso en concreto: mi hijo (dos años) hace unos días que se niega a ir a dormir la siesta. Coge rabietas fuertes si lo obligamos. Pero nosotros vemos que tiene sueño, y realmente tiene, porque en cuanto nos tumbamos con él se duerme en 5 minutos.
¿Qué podemos hacer en este caso? Dejarlo sin dormir, permitiendo así su elección, aún sabiendo qué eso repercutirá en su estado de ánimo por la tarde? Ufff…, es una edad tan difícil….
Gracias.

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Respuesta:

Estimada amiga. Gracias por compartir con nosotros tu consulta.
Verdaderamente, la circunstancia que describes es interesante, pues resulta una situación complicada ya que conjuga la necesidad de descanso del niño con el deseo de continuar con su actividad.
Como está relacionado con una rutina diaria, es una situación que puede alterar transitoriamente el bienestar familiar, pues sucede a diario.
Tal como expresas en tu consulta, observas que tu hijo tiene sueño y necesita echar la siesta, pues si no lo hace, pasará el resto de la tarde muy incómodo o irritable.
Por este motivo, considero positivo que trates de que descanse a la hora de la siesta. Aunque su primera elección sería no acostarse, puedes guiarle en su actividad de manera paulatina hacia el descanso de la siesta.
Con esto me refiero a que no es necesario imponer de manera inflexible la obligación de irse a acostar, si no que puedes orientarle a ello de manera progresiva para que el niño no perciba una obligación de reducción abrupta de su nivel de actividad.
Es importante que le avises un rato antes de que va a llegar el momento de acostarse. De este modo, le permites anticipar lo que va a suceder y prepararse emocionalmente para ello.
La manera de definir la actividad que se va a realizar es importante. Tal vez, a tu hijo no le atrae en absoluto dejar de jugar para irse a dormir. El salto de nivel de actividad que hay entre estar jugando y estar durmiendo es intenso.
Por ello, es positivo transmitir al niño adecuadamente la reducción del nivel de actividad que se va a producir, explicitando la progresión de la misma.
Así, en vez de proponer al niño que está jugando que se vaya a dormir, se le puede proponer que vaya a la cama a que se le cuente un cuento o a cantar. De este modo, no estamos proponiendo una reducción abrupta e intensa del nivel de actividad, si no que proponemos una reducción más ligera, mucho más fácilmente asumible para el niño.
De esta manera, estaremos orientando al niño al descanso que necesita de una forma que puede asimilar mejor emocionalmente.
Si nos ponemos en su lugar, nosotros mismos, los adultos, generalmente necesitamos un tiempo previo de relajación progresiva antes de disponernos a dormir. Los adultos podemos gestionar esta necesidad de manera independiente.
Sin embargo, cuando al niño se le dice que ha de ir a dormir o echar la siesta, entiende que se le está pidiendo que se duerma de manera inmediata, radical, para lo que, lógicamente, no está preparado y por eso se opone (en el caso de tu hijo, en forma de berrinche).
Si se le propone una actividad más relajada, preparatoria para dormir después, posiblemente la aceptará y, también, aceptará luego el reducir la actividad totalmente para dormir.
Con este paso intermedio, facilitamos al niño la reducción de actividad y la disposición al descanso.
Por otra parte, es importante tener en cuenta que no es adecuado esperar a que el niño esté muy cansado para comenzar a reducir la actividad, pues el cansancio excesivo propicia la irritabilidad y dificulta la relajación.
Así, debes anticiparte al momento de excesivo cansancio para comenzar el proceso de reducción del nivel de actividad, pues esto le facilitará al niño el estado de relajación necesario para poder descansar adecuadamente.
Aunque es recomendable permitir al niño tomar sus propias decisiones y realizar elecciones siempre que sea posible, en casos como el que describes, en los que la elección del niño tendría como consecuencia el malestar físico o emocional del mismo es importante la gestión de la situación por parte del adulto.
Esta gestión, tal como he descrito, puede realizarse de manera empática y respetuosacon el niño.
Con esto, espero haber respondido adecuadamente a tus dudas. No obstante, quedo a tu disposición en el correo psicologa@bambulah.es, para cualquier aclaración que necesites.
Un fuerte abrazo,
Mónica

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