Hasta hace poco la piel se describía como un órgano de poca importancia cuya función era, principalmente, hacer de barrera con el exterior. Sin embargo, ya sabemos que esto no es así. 

 

La piel es el órgano más grande del cuerpo humano, ocupa unos 2 metros cuadrados y puede llegar a pesar hasta 5 kilos. Además, y aunque parezca una tontería, el ser humano es el único mamífero que no tiene toda su piel cubierta de pelo
Esto convierte a la piel humana en un órgano especial y fascinante, ya que su principal misión no es sólo la protección sino que está enormemente implicada en la comunicación con el exterior.

 

El sentido del tacto es uno de los menos estudiados y, sin embargo ¿habéis pensado cómo sería vivir sin tacto? La piel está llena de receptores celulares que envían constantemente señales al sistema nervioso: temperatura, presión, movimiento…a través de la piel podemos saber cosas como si estamos tumbados, si hace frío o si estamos solos. 

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El primer sentido que se desarrolla intraútero es el sentido del tacto. 

 

Curiosamente además el tacto es uno de los principales generadores de oxitocina. Las caricias y los abrazos, por ejemplo, son comportamientos que activan la secreción de este neurotransmisor. 
La oxitocina, un compuesto que se fabrica en el hipotálamo está implicada en cosas tan dispares como la formación de vínculos o el colon espástico. 

El contacto físico es imprescindible tanto para la construcción de las relaciones humanas como para la salud. Eso nos da una idea de lo importante que es la comunicación a todos los niveles para nuestra especie.

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Inmediatamente después del nacimiento, el bebé ya tiene desarrollados todos sus sentidos, que han ido formándose durante el embarazo, pero es el sentido del tacto el que más maduro está. En el útero no hay ni mucho que ver ni mucho que oír, pero sí hay mucho que “tocar” con toda la piel, sobre todo al final.

 

La respuesta física es así una de las principales vías de comunicación con el bebé. Los bebés se tranquilizan cuando están en brazos, sus constantes vitales mejoran si están  piel con piel y en definitiva están más a gusto cuando se están comunicando a través de su tacto. 

Responder con el cuerpo a las demandas del bebé es la primera forma de comunicación con nuestro hijo, mucho antes de que entienda un “te quiero” entiende todos tus abrazos. No temas mostrar afecto, es la base de la comunicación. 

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Irene García Perulero