Consulta: 

Hola Mónica. Hoy me gustaría preguntarte ¿qué nos pasa a las madres con los abrigos???

Mi hijo de dos años y medio lleva unos días que quiere salir de casa sin chaqueta. Por el día bien, porque hace solecito y se puede llevar…. pero, por la noche, con la rasca que hace…. lo llevo fatal.

Ayer me puse en plan: “o te la pones o no nos vamos”. Total, que nos fuimos sin chaqueta, pero me sentí fatal por ponerme así, perdí un poco los nervios de esa situación…
¿Esto le pasa a más gente? ¿Cómo puedo manejarlo?

Respuesta:

Estimada amiga. Gracias por compartir tu consulta en mi blog.

Es muy frecuente que los niños se nieguen a ponerse el abrigo. Lógicamente, cuando hace frío, esto puede ser un motivo de conflicto entre padres e hijos, pues los adultos consideramos que deben abrigarse para evitar que se pongan enfermos.

No obstante, es importante, para poder manejar adecuadamente esta situación cotidiana que comprendamos los motivos que puede tener el niño para negarse a ponerse el abrigo.

En primer lugar, es importante analizar si el niño tiene frío realmente o si el abrigo que queremos que se ponga es excesivo. Las percepciones térmicas son subjetivas y es importante plantearse si la prenda que estamos ofreciendo al niño se corresponde con la sensación térmica del mismo.

En segundo lugar, debemos observar si el abrigo es cómodo o si, por el contrario, podría estarle resultando poco confortable: que le limite mucho el movimiento, que pueda resultarle agobiante…

En este caso, podría ser adecuado buscar una prenda de abrigo más cómoda, menos agobiante.

Es importante tener en cuenta que los niños tienen preferencias en cuanto a la ropa que usan, que puede haber prendas que resulten poco cómodas… Por ello, debemos contemplar esto en todo momento y tratar de adaptar las prendas que les ofrecemos a sus preferencias.

Por otra parte, debe tenerse en cuenta que los niños de 2-3 años están en pleno desarrollo de su identidad personal, por lo que necesitan autoafirmarse y la negación es una estrategia para ello. Oponerse a abrigarse podría ser una manifestación de ello.

Para satisfacer su necesidad de autoafirmación y gestionar de manera respetuosa su oposicionismo es positivo hacerle protagonista de la actividad que se va a realizar (en este caso, abrigarse).

Para ello, es muy eficaz ofrecer al niño alternativas, mostrarle varias prendas de abrigo y depositar en él la toma de decisión de qué prenda prefiere ponerse entre las opciones ofrecidas.

Asimismo, en esta edad (dos años y medio), los niños son cada vez más autónomos y están motivados a desarrollar las habilidades que les van a permitir ejercitar dicha autonomía.

Teniendo esto en cuenta, puede resultar estimulante para el niño, ser él mismo quien coja el abrigo, intente ponérselo, colabore en abrocharlo… Se trata de permitir y fomentar un papel activo del niño en la rutina de vestirse y, más concretamente, de ponerse el abrigo.

Del mismo modo, es positivo ofrecer al niño modelos asociados a esta actividad. Así, podemos decirle: Me voy a poner el abrigo para salir a la calle, ¿me ayudas y después te ayudo yo a ti a ponerte el tuyo? o ¿Le ponemos el abrigo al muñeco para salir a la calle y que no pase frío?

Esto puede motivar al niño a ponerse la chaqueta, pues el poder observar a otros cómo lo hacen puede activar el acto imitativo como la poderosa herramienta de aprendizaje infantil que es.

En conclusión, se trata de que la cuestión del abrigo no se convierta en un conflicto familiar diario. Si se trata con empatía y respetando las necesidades físicas y emocionales del niño, esta situación puede gestionarse de manera positiva y adecuada.

Un fuerte abrazo,

Mónica Serrano

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