Cuando se acercan fiestas culturales asociadas a los disfraces, se genera un clima general en los centros educativos, los comercios y los productos orientados a público infantil dirigido a la necesidad de disfrazarse en las fechas señaladas.

La presión social es tan fuerte, en ocasiones, que disfrazarse se acaba convirtiendo en una obligacióntanto para los niños como para los padres.

Hay niños que quedan encantados con la idea de disfrazarse en cualquier momento y celebran estas fiestas con alegría y motivación.

Sin embargo, hay otros niños a los que no les gusta disfrazarse. No se sienten cómodos llevando un disfraz, lo rechazan rotundamente. Algunos, incluso, tienen miedo a los disfraces.

El gusto y la motivación por disfrazarse surgen de manera espontánea y lúdica, como respuesta a varias habilidades evolutivas en desarrollo, como la adopción de perspectivas, la empatía y la creatividad, entre otras.

El niño que no quiere disfrazarse, que lo rechaza, posiblemente esté resolviendo el desarrollo de estas capacidades de otra manera o no ha llegado aún al momento evolutivo que impulsa el surgimiento de esta motivación.

¿Qué hacer ante un niño que no quiere disfrazarse?

Cuando nos encontramos ante un niño que no quiere disfrazarse, no debe forzársele a ello en absoluto ni tratar de convencérsele.

El rechazo a los disfraces puede indicar que el niño no está preparado para realizar esta transformación sobre su cuerpo, sobre su imagen o sobre sus emociones

También puede indicar que el niño no integra esa manera de simulación, de adopción de perspectivas basada en su atuendo y asimila, mejor, realizándola de otra manera como, por ejemplo, a través de juego simbólico, simulando ser no que no es sin apoyarse en un disfraz.

Respetar la decisión del niño de no disfrazarse es muy positivo para el desarrollo personal de éste. En primer lugar, estamos permitiéndole hacer una elección. Además, estamos permitiendo la autoafirmación de su propia identidad. Por otra parte, estamos fomentando el desarrollo de una buena autoestima.

Para respetar esta decisión o preferencia del niño, podemos permitirle ir a la fiesta de disfraces sin disfrazarse o no ir si no quiere ir a un lugar donde todos los demás estén disfrazados.

A algunos niños no les gusta ver a otros disfrazados. El ver a otras personas con un atuendo tan diferente al habitual, tan chocante, les hace sentir inseguros, les da miedo.

Esta sensación de inseguridad o el miedo es normal, pues el niño siente que no tiene capacidad de gestión con las personas que hay a su alrededor, pues de pronto parecen desconocidas.

Probablemente, cuando el desarrollo de estos niños evolucione un poco más, tolerarán mejor los disfraces e, incluso, podrá llegar a gustarles disfrazarse.

De todos modos, disfrazarse no es una necesidad básica para la supervivencia ni para la adecuada integración social, por lo que si un niño no quiere disfrazarse, no necesita hacerlo para nada.

En conclusión, si el hecho de disfrazarse no es divertido, motivador y lúdico para el niño, ofrezcámosle otros tipos de juego. Podemos prescindir de éste (bien sea de manera transitoria o definitiva, eso lo marca el propio niño).

Mónica Serrano Muñoz

Psicóloga especializada en Maternidad y Crianza Respetuosa

Col. Núm. M26931

Consulta presencial (en Madrid) y online.

Petición de cita en: psicologa@bambulah.es

Recomiendo: Curso Intensivo Online: Mi hijo no sabe defenderse, ¿cómo le ayudo?