La sensación de carencia, de que nos falta algo, de que estamos incompletas, de que todo o algo necesita mejorar nos lleva a la sensación de malestar y de búsqueda constante: ser algo más, tener más… Nos aleja de la experiencia presente y de la realidad de nuestra vivencia, colocándonos en el anhelo de un futuro mejor.

Desde esta perspectiva, la persona que soy aquí y ahora queda invalidada, debilitada.

Esto nos sucede también en la relación con nuestros hijos. Muchas veces ponemos la mirada de la carencia sobre ellos. Deseamos que crezcan para que duerman más tiempo seguido, o que sean más independientes, o que madurez emocionalmente, o que dejen de necesitar pañal, etc, etc, etc…

Esta mirada nos aleja de la persona con la que nos estamos relacionando ahora, generando una imagen de un niño que tal vez será, pero que ahora mismo todavía no es. De este modo, la relación invalida al niño y frustra a la madre, pues lo que ahora es, no cumple la expectativa, ya que se está enfocando en la carencia.

Muchas veces tratamos de quemar etapas, de forzar el desarrollo, de buscar situaciones o vivencias mejores y nos perdemos por el camino la riqueza de la vida, del momento que estamos viviendo.

 

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Mónica Serrano Muñoz
Psicóloga especializada en Maternidad y Crianza Respetuosa. Crecimiento personal. Acompañamiento en momentos de cambio y crisis.
Asesoramiento. Terapia.
Directora de la Formación de expertas Maternidad Feliz-Crianza Respetada
Col. Núm. M26931
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