En el artículo publicado anteriormente, se explicaba la necesidad de que la petición de ayuda sea libre y voluntaria para que la relación de ayuda sea realmente de apoyo y empoderante. También se explicaba por qué es debilitante el hecho de que la petición de ayuda no surja de la persona que tiene el problema si no de la persona que quiere ayudar, con frases del tipo: “de verías buscar ayuda”. Aquí puede leerse completo: https://www.psicologiaycrianza.com/pedir-ayuda-es-una-decision-voluntaria/

 

En el presente artículo va a explicarse otra característica esencial de la relación de ayuda para que ésta sea empoderante y eficaz: la atención a la demanda.

Partiendo de la base de que la ayuda ha de ser solicitada por la persona que la requiere, y nunca recomendad por alguien externo, se entiende que la persona que pide ayuda es consciente de que tiene un problema y decide pedir ayuda a otra persona como parte de su manejo.

De este modo, siempre hay una demanda concreta en la petición de ayuda. La persona va a pedir lo que necesita, indicando en qué considera que necesita recibir la ayuda.

Sin embargo, detectar cuál es la demanda de ayuda no siempre es sencillo. La persona demandante puede no expresar de manera concreta, clara y concisa lo que necesita, si no que puede ir expresando pensamientos, sensaciones, experiencias… que esconden tras de sí la demanda concreta.

En este caso, la orientación fundamental para detectar la demanda es obvia: escuchar, escuchar y escuchar. En una primera toma de contacto con una persona que requiere nuestra ayuda (sea en consulta, en atención sanitaria, en nuestra ida personal…) es esencial escuchar activamente a la persona, para lograr comprenderla.

Muchas veces, cuando recibimos a alguien que busca ayuda, la primera reacción es hacerle muchas preguntas sobre su estado, sus sentimientos, sus pensamientos, sus experiencias… Y muchas veces, además, se hacen las numerosas preguntas sin haber apenas escuchado.

Estas preguntas desvían a la persona de su tema, de su estado, de lo que quiere compartir y la conducen a ir respondiendo lo que la persona que ofrece la ayuda quiere saber, en base a ideas preconcebidas, experiencias previas, prejuicios, etc.

Además, las preguntas transmiten a la persona que su relato no es suficientemente interesante o rico, que necesitamos otra información para poder comprenderla, que lo que nos está contando no es del todo válido.

De este modo, cuando nos alejamos de la escucha, nos alejamos también de la realidad de la persona que pide ayuda. Así, la detección de la demanda real se complica.

Sin embargo, si escuchamos activamente a la persona, podremos identificar qué problema es en el que quiere ser ayudada y en qué sentido concreto demanda la ayuda.

Es esencial enfocarnos en la demanda de la persona, en lo que ella detecta como problema, sin ir más allá, sin buscar o señalar como problema aspectos que la persona no identifica como tales, sin proponer trabajar para resolver situaciones asociadas que la persona no ha demandado.

Por ejemplo, una persona acude a consulta para buscar asesoramiento sobre cómo lograr destetar por la noche a su hija. Mientras está relatando su historia, comenta que su pasa 8 horas diarias en la guardería y continúa con el tema del destete nocturno. La asesora considera que 8 horas de guardería es demasiado y comienza a orientar a la mujer sobre la importancia de pasar tiempo con sus hijos y los peligros de los tiempos prolongados de separación.

En este ejemplo, la asesora se desvía completamente de la demanda y decide que ha de trabajarse también otro aspecto que la solicitante de ayuda no había demandado.

Cuando la persona a la que se le solicita la ayuda se desvía de la demanda real y decide trabajar otros aspectos también, que no habían sido demandados, la relación de ayuda se convierte en debilitante para la persona que pide ayuda.

Cuando esto se produce, la persona demandante de ayuda recibe los siguientes mensajes debilitantes, ocultos, por parte de la persona a la que ha pedido la ayuda:

  • El problema que planteas no es suficiente, no es válido. Yo me doy más cuenta que tú de tus problemas importantes
  • yo sé más que tú sobre ti misma, pues veo algo sobre ti que tú no ves e invalido lo que tú ves o le quito importancia
  • No eres consciente de lo realmente importante. No te percatas de lo que necesitas de verdad.
  • Yo soy más consciente que tú

De este modo, la relación de ayuda se transforma en una relación vertical que parte de la identificación de que la persona que pide ayuda está en falta, no es aceptada, es débil e inconsciente. Este tipo de relación no ayuda a la persona a crecer, si no todo lo contrario: la hace dependiente, insegura, frágil.

Para que la relación de ayuda sea promotora del desarrollo de la persona, es esencial partir de la idea de que cada una es la mayor experta sobre sí misma, la que mejor sabe lo que necesita en cada momento para estar en el mundo. Ningún profesional sabe más sobre una persona que esa misma persona.

Por ello, es fundamental confiar en la premisa de que es cada persona quien mejor sabe lo que necesita y cuándo lo necesita, y acompañarla desde ahí, sin tratar de acelerar, desviar o ralentizar el proceso.

Así pues, la escucha activa para detectar la demanda es fundamental y las preguntas han de limitarse al máximo (tendiendo a evitar) y sustituirse por reflejos para que la persona se sienta comprendida en su expresión. No se trata de estar en silencio, si no de ir respondiendo a la persona con un feedback de lo que vamos comprendiendo sobre su relato.

 

Mónica Serrano Muñoz

Col. Núm. M26931

Psicóloga especializada en Maternidad y Crianza Respetuosa.

Crecimiento personal. Acompañamiento en momentos de cambio y crisis.

Asesoramiento. Terapia.

Formación de expertas.

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