La empatía es la capacidad del ser humano para conectarse con otra persona, para ponerese en su lugar y responder adecuadamente a sus necesidades. Así, la empatía es una habilidad imprescindible para el buen desarrollo de las relaciones interpersonales.

Así pues, la empatía es una capacidad fundamental en todas las relaciones humanas y a lo largo de toda la vida. Sin ella, las relaciones interpersonales y la vida en sociedad serían imporsibles.

Sin embargo, podría decirse que es la crianza de los hijos el acontecimiento vital en el que la empatía cobra su mayor importancia. La capacidad de los padres de responder adecuadamente a las necesidades de su hijo dependerá, en buena medida, de su nivel de empatía.

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De esta manera, cuanto más empáticos sean los padres, más facilidad tendrán de ponerse en el lugar de su hijo, comprender sus necesidades y sentimientos y darles la respuesta que su bebé requiere.

Esta capacidad es especialmente importante al comienzo de la crianza, pues el bebé, cuando nace, posee unas estrategias de comunicación limitadas que los padres han de interpretar para poder comprender.

Además, los padres van conociendo poco a poco a su bebé a medida que el tiempo va pasando y van compartiendo experiencias con él. Cuando el bebé es un poco mayor, el conocimiento mutuo de los padres y el pequeño facilita la comunicación entre ambos.

Por ello, es en este comienza cuando la capacidad de los padres de ponerse en el lugar del bebé para descubrir lo que siente o necesita se hace realmente esencial en la relación padres-hijo.

En un primer momento, interpretar el llanto del bebé es lo primordial. Los padres han de comprender qué es lo que su bebé está expresando con su llanto. Para ello, empatizar con el niño es imprescindible.

Sin embargo, en ocasiones, los padres tienen dificultades para ponerse en el lugar de su bebé. Muchas veces los adultos interpretan las necesidades del niño desde los parámetros, conocimientos y experiencias de las personas mayores.

Dificultades para criar con empatía

Esta perspectiva adulta incide, especialmente, en la malinterpretación de las necesidades afectivas de los bebés. Los padres obvian la necesidad de contacto y afecto casi permanente del bebé porque esta necesidad se ha desarrollado en el adulto y ya no existe de una manera tan inmediata.

La necesidad de afecto del adulto se manifiesta de una manera diferente a la del bebé, puede satisfacerse de otras maneras y no requiere de la inmediatez y permanencia que necesita el bebé. Es por ello por lo que, en muchas ocasiones, al adulto le es complicado entender las necesidades afectivas del bebé.

Esta falta de comprensión de la necesidad de contacto del bebé influye, en algunos casos, en la instauracuión de la lactancia materna. Muchas madres interpretan que sus bebés se quedan con hambre porque maman con mucha frecuencia, entonces empiezan a pensar que sus bebés no están siendo bien alimentados y comienza el principio del fin de la lactancia.

Si esta mujeres comprendiesen que sus bebés maman no sólo para alimentarse, si no también para satisfacer sus necesidades afectivas, el hecho de que el bebé mame con mucha frecuencia no sería motiva de preocupación.

Asimismo, es muy frecuente que los padres se encuentren con dficultades para comprender el sueño del bebé. Debido a su inmadurez, éste es muy diferente al sueño del adulto. Los ritmos de sueño, los períodos de sueño-vigilia, la manera de coinciliar el sueño, las necesidades de descanso… son diferentes de las del adulto. Por ello, muchas veces, los padres no son capaces de comprender las necesidades de sus hijos respecto del sueño e interpretan como alterados procesos que son completamente normales.

Del mismo  modo, esta dificultad para empatizar se manifiesta claramente en otros aspectos de la crianza. Cuando comienzan a introducirse los alimentos complementarios en la dieta del bebé, a muchos adultos les es muy difícil entender que el niño necesita tiempo y experiencias para conocer los alimentos y comerlos, pues ellos no lo necesitan, está perfectamente adaptados a ese tipo de alimentación..

Lo mismo sucede con las cantidades de alimento que se le ofrecen al bebé. Muchos adultos pretenden que el niño coma una cantidad muy superior a la necesita. Probablemente, estos adultos están estimando la cantidad sin adoptar la perspectiva del niño.

¿Cómo superar estas dificultades?

Las dificultades para relacionarse empáticamente con el bebé asociadas a la adopción de una perspectiva adulta para interpretar las necesidades y procesos del niño pueden superarse a través del conocimiento del desarrollo evolutivo del bebé.

Para muchos adultos de nuestra cultura, el contacto con bebés a lo largo de su vida es muy limitado. Por eso, cuando tienen hijos no conocen cuáles son los procesos de desarrollo normales de los bebés.

En estos casos, aprender cuáles son las características evolutivas del desarrollo infantil y cómo se produce es fundamental para comprender mejor al bebé, poder tener una actitud más empática y dar respuesta a sus necesidades adecuadamente.

Del mismo modo, la reflexión crítica sobre las propias actitudes y atribuciones ante las necesidades del bebé favorecen el desarrollo de la empatía en la relación con los hijos.