En nuestra cultura, ofrecer el chupete a los bebés es una práctica muy extendida.  De hecho, muchas veces, cuando se representa a un bebé, siempre se le asocia un chupete. Es más, en casi todas las canastillas de recién nacidos nunca falta uno de ellos.
Así pues, el uso del chupete se convierte en una práctica generalizada para nuestros bebés. Muchos padres asumen como normal el ofrecer un chupete a su bebé desde que éste es muy pequeño, sin cuestionarse si el chupete es verdaderamente necesario.
De esta manera, se ofrece el chupete al bebé sin reflexionar primero sobre ciertas cuestiones como: ¿para qué se lo ofrecemos?, ¿qué queremos conseguir con ello?, ¿realmente el bebé lo necesita?, ¿en qué momentos lo necesita verdaderamente?.
Si partimos de la realidad de que en muchas culturas el chupete es un objeto inexistente, entenderemos que éste no es imprescindible para el desarrollo adecuado de los bebés. Muchas personas en el mundo crecen y se desarrollan sanos y felices y no han conocido un chupete en su vida. Del mismo modo, muchos bebés nacidos y criados en nuestra sociedad rechazan el chupete, lo cual avala la innecesariedad de este objeto.
No obstante, es cierto que el bebé posee una necesidad innata de succión no nutritiva. El bebé necesita succionar, además de para alimentarse, para relajarse, calmarse y obtener sensación de bienestar. La succión aporta tranquilidad y consuelo al bebé.
En este sentido, el chupete es un aliado de los padres que les ayuda a tranquilizar a su bebé cuando está inquieto, consolarlo si llora, facilita que el bebé se quede dormido…, liberando, de esta manera, en muchas ocasiones, a la madre, pues sustituye la función no nutritiva del pecho materno en determinadas situaciones.
Así pues, el chupete, aunque prescindible, puede constituir un apoyo para el bebé y sus padres en determinadas situaciones, puesto que ayuda al bebé a gestionar algunas emociones, le facilita el sueño y apoya a los padres en los momentos que el bebé necesita consuelo.
Sin embargo, es aconsejable que los padres ofrezcan el chupete a su bebé de forma selectiva, en las situaciones en las que vean que éste necesita verdaderamente este apoyo.
Es importante que el chupete no se ofrezca constantemente, de manera indiscriminada, puesto que el bebé que lleva un chupete en su boca interactúa menos con su entorno, presenta una intención comunicativa menor que cuando no lo lleva y ejercita en menor medida los movimientos bucoarticulatorios espontáneos que necesitará después para poder hablar.
Es decir, que el hecho de estar succionando un chupete reduce la atención del bebé a otros estímulos más interesantes y enriquecedores.
Por ello, es esencial que los padres eviten ofrecer el chupete en situaciones en las que realmente no es necesario (por ejemplo, cuando el bebé va de paseo o está jugando tranquilamente).