En un post anterior expliqué por qué el pensamiento negativo es tan poderoso en el ser humano y cómo este sesgo negativo afecta, también, a la visión que tenemos de nuestros hijos.

El sesgo negativo está presente en la crianza de los hijos y nos dirige a focalizarnos en sus debilidades, lo que menos nos gusta de ellos o lo que consideramos “preocupante”.

Esto, muchas veces, nos hace obviar o no valorar lo positivo de nuestros hijos, sus fortalezas, sus capacidades, lo que más nos gusta de ellos.

Es importante gestionar de manera consciente esta tendencia de nuestro pensamiento, pues con ello mejoraremos la relación con nuestros hijos, la confianza mutua, las dinámicas de comunicación familiar y seremos capaces de acompañar de una manera más positiva su desarrollo personal.

El sesgo negativo nos hace estar permanente preocupados por lo que les “falta” a nuestros hijos, por lo que les resulta más complicado, por lo que interpretamos que no se les da bien.

También nos hace comunicarnos con ellos desde la no-aceptación, desde el intento de cambiar aspectos de su manera de ser, desde la corrección constante o el foco en los errores.

Sin embargo, el sesgo negativo puede compensarse y podemos entrenar nuestro pensamiento para romper con él en la percepción de nuestros hijos. Estas son algunas estrategias orientadas a lograrlo:

1. Toma conciencia de la realidad del sesgo negativo en el pensamiento humano. 

La comprensión de este mecanismo te permitirá entender que el foco en lo negativo no es más que un sesgo del pensamiento y que puedes tomar el control sobre él.

2. Anota en una lista los pensamientos negativos que te surgen sobre tus hijos.

Refleja por escrito estos pensamientos de manera sencilla, del tipo:

Tiene muchos berrinches.

Es muy tímida.

No recoge sus juguetes jamás.

Se sigue haciendo pis.

3. Ahora, anota, al lado de cada pensamiento, la interpretación que le das al mismo, la consecuencia temida de lo anteriormente descrito, por ejemplo:

Tiene muchos berrinches. No tiene un funcionamiento comportamental normal. Le pasa algo malo.

Es muy tímida. Va a tener problemas de relación cuando vaya al colegio.

No recoge sus juguetes jamás. Es una desordenada que no respeta límites y de mayor no vamos a poder con ella.

Se sigue haciendo pis. Nunca controlará sus esfínteres.

4. Una vez hecho esto, toma cada pensamiento con su interpretación, uno por uno y rebátelos. 

Arguméntate a ti misma por qué esas definiciones de tus hijos no son ciertas o no lo son de manera rígida. Por ejemplo:

Tiene muchos berrinches. No tiene un funcionamiento comportamental normal. Otros niños no tienen tantos.

Sí, tiene berrinches, pero está en la edad propia de ello, por lo tanto, no es tan anormal su comportamiento. 

Además, no todos los días tiene muchos, suele tener más los días que ha dormido peor. 

Por otra parte, muchos niños de su edad tienen berrinches y he leído que no significa que haya ningún problema. 

No creo que le pase nada malo.

Es muy tímida. Va a tener problemas de relación cuando vaya al colegio.

Le cuesta hablar con personas que no conoce demasiado.

Pero con los conocidos habla y juega. 

Con sus primos, por ejemplo, no es nada tímida, es divertida y alegre. 

Con sus abuelos también y con los amigos de la familia.

Sólo es tímida con los desconocidos.

Realmente, no es tan tímida, quizás sólo es prudente.

5. Reformula las frases iniciales de la lista.

Después de haber efectuado los pasos anteriores, reformula la nueva construcción del pensamiento. Por ejemplo.

Tiene berrinches, lo normal de su edad.

No habla con desconocidos.

Este proceso sirve para analizar los pensamientos negativos sobre nuestros hijos de una manera más consciente y realista, salvando los propios filtros de nuestro pensamiento, lo cual nos permite construir un nuevo pensamiento más ajustado y positivo.

Estos nuevos pensamientos nos permitirán afrontar las diversas situaciones de una manera más flexible y amable, contribuyendo muy positivamente a la relación con nuestros hijos y al acompañamiento a su desarrollo.

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