¿Se te está haciendo difícil la crianza durante la cuarentena? ¿Necesitas un respiro?

El confinamiento puede encerrarnos en los conflictos

24 horas compartidas, sin actividades independientes fuera de casa, ni colegios, ni trabajo fuera, pueden llevarnos a un aumento en los conflictos y, más aún, a que nos quedemos en ellos.


Hay temporadas en que la maternidad se nos hace cuesta arriba, la relación con los hijos se vuelve difícil y los conflictos se complican. En momentos de crisis es habitual y natural que esto suceda. El confinamiento, lógicamente, también.

Son temporadas en que la crianza se convierte en un reto duro, agotador y del que no es posible tomarse un descanso. La situación extraña que estamos viviendo actualmente nos deja sin recursos externos, sin posibilidad de espacios amplios que nos den un respiro, sin poder compartir un rato con amigos, abuelos, que ayuden a destensar…

En esta situación, es normal que nos veamos abrumadas, agobiadas, desesperadas, incapaces de ver el fin de la tormenta. Nos parece que esto va a ser así para siempre, asaltan las dudas, la culpa, la desesperación.

Nos vemos sin recursos, frustradas, con gran sensación de fracaso. Llega a parecer que no hubiera salida, que está ya todo perdido, que el daño es irreparable, que no merece la pena seguir, que hemos tirado por tierra todo lo hecho hasta ahora.

Sin embargo, ésta es solo una percepción, una interpretación sesgada por el cansancio, por el desgaste, porque quizás la situación está durando más de lo que esperábamos, y nos es difícil salir de nuestra tormenta de angustia para ver las cosas desde otra perspectiva.

En estas situaciones es muy positivo pedir ayuda, delegar, buscar un tiempo para el autocuidado, la relajación, el disfrute y la reflexión. Pero la realidad es que esto, en la práctica, no es siempre posible. De hecho, muchas veces es utópico. Es más, muchas mujeres llegan a este estado de frustración y angustia en la crianza porque tienen muy pocos apoyos, porque son ellas las principales responsables de los hijos y no suelen tener a otros adultos disponibles. Y ahora, en esta situación de crisis, muchos menos.

No obstante, en esta situación, lo que sí es posible, porque depende de nosotras mismas, es elegir nuestro pensamiento. En estos casos de desesperación, podemos recurrir al pensamiento de que los procesos personales y las relaciones son dinámicas, en constante transformación, por lo que nada es definitivo o inamovible.

Es decir, las personas y, especialmente los niños, estamos en constante cambio, en un desarrollo continuo de manera natural y, lógicamente, las relaciones entre personas también.

La idea de permanencia, de inamovilidad, de estancamiento de una forma de actuar o dinámica de relación es una trampa del pensamiento. Ahora, durante el confinamiento, algunas personas están teniendo dificultad en sus relaciones. Sin embargo, estas dificultades en la relación no tienen por qué instalarse. Verlas de manera absoluta es la idea que nos hace daño.

Atribuimos características de estabilidad y continuidad a los procesos humanos cayendo en el miedo que nos produce que situaciones o dinámicas indeseadas permanezcan. Sin embargo, esto no se corresponde con la realidad humana. De manera natural, nos vamos transformando. De hecho, no estamos igual todos los días ni a lo largo de un mismo día, y menos ahora durante el confinamiento.

Tener presente esta idea puede ser de gran ayuda para enfrentarnos a estas temporadas difíciles de la maternidad, pues nos orienta a la expectativa de que es posible transformar la situación, la experiencia y la manera en que nos sentimos, que las temporadas en que la relación se torna difícil o nos vemos incapaces de gestionar son transitorias, están en constante cambio.

Esta perspectiva se corresponde más con la realidad y, además, nos orienta a la esperanza, a la motivación por la posibilidad de cambio, a ser más flexibles en cuanto a cómo interpretamos y reaccionamos. Las sensaciones de frustración por dinámicas de relación con los hijos que no nos gustan

La sabiduría popular recoge esta idea de cambio en dichos como “No hay mal que cien años dure” o “Después de la tormenta llega la calma”. Y es que la realidad del ser humano es tan amplia y extensa, la transformación y crecimiento constantes son tan intensos que es importante poner el foco en ellos, no caer en falsas creencias de estabilidad y eterno estancamiento, porque eso solo nos lleva al sufrimiento provocado por una idea falaz.

Sin embargo, no se pretende negar el malestar sentido en estas temporadas difíciles en la maternidad, ni mucho menos en la situación de pandemia. Mi propuesta se centra en adoptar una mirada amplia e inclusiva de los procesos humanos, de mantener la atención en la transformación constante y no caer en esquemas de pensamiento reduccionistas y falaces que conviertan el malestar en desesperación. Pero en ningún caso pretendo que se huya o niegue el malestar.

En la maternidad y en la crianza hay muchos momentos de malestar, de tristeza, de frustración, de angustia, de miedo, de culpa y arrepentimiento… Todos estos sentimientos forman parte de la amplia e intensa experiencia que es la maternidad. Y fluyen con las emociones asociadas al placer, al amor, a la alegría.

Mónica Serrano Muñoz
Psicóloga especializada en Mujer, Maternidad y Crianza Respetuosa, Desarrollo Personal
Col. Núm. M26931
Consulta, terapia, grupos de apoyo, asesoramiento
Directora de la formación online de expertas en acompañamiento a la maternidad consciente y la crianza respetuosa, Maternidad Feliz – Crianza Respetada. Formación de asesoras de maternidad