La crianza de los hijos es la etapa de la vida en la que los padres se dedican a acompañar, apoyar y cuidar a sus hijos durante su crecimiento y su desarrollo.
Durante la crianza, la familia facilita el desarrollo del niño, ejerce de elemento contenedor y procurador de salud e impulsa la socialización del niño.
Desde esta perspectiva, los padres acompañan, protegen y promueven el desarrollo de sus hijos durante la crianza. Sin embargo, es esencial que sea el niño el protagonista de su propio desarrollo, marcando él el ritmo evolutivo, sin verse forzado a adquirir aptitudes o habilidades para las que no esté preparado.
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Falsas expectativas paternas: frustración continuada

 

Si se parte de la base de que el desarrollo infantil evoluciona a través de la maduración neurofisiológica y emocional del bebé y de las experiencias que éste va vivenciando, será de entender que la crianza, como apoyo y acompañamiento al dicho desarrollo, debe respetar esos procesos de maduración y promover las experiencias del niño.
De esta manera, se hace imprescindible que los padres, acompañantes y contenedores del desarrollo de sus hijos, atiendan a los ritmos de maduración y crecimiento, respetando el ritmo propio de cada niño y adecuando sus expectativas, actitudes y requerimientos a las habilidades del bebé en cada etapa de su desarrollo.
Por ejemplo, es evidente que hay que esperar a que los bebés desarrollen su psicomotricidad (primero volteándose, luego reptando, gateo… hasta comenzar a caminar). Igualmente, debe esperarse a que los bebés maduren hasta que comiencen a decir sus primeras palabras.
No obstante, existen tendencias que promueven la estimulación temprana de posturas y habilidades motoras antes de que los bebés estén preparados para ello. Sin embargo, se ha demostrado que forzar el desarrollo de estas habilidades es contraproducente, debe respetarse el proceso de desarrollo motor del bebé. Él solo adquirirá de manera natural las distintas habilidades.
Sin embargo, con los aspectos afectivos, la necesidad de respeto a los ritmos de desarrollo es menos evidente o más subjetiva. Hay una tendencia fuerte a fomentar que los bebés sean independientes de manera temprana, mucho antes de que estén preparados.
La separación temprana del bebé y su madre es una constante en nuestra sociedad. Pero si se conocen los aspectos de desarrollo afectivo de los bebés, se comprenderá que la independencia del bebé es un proceso evolutivo, lento y gradual, que no debe forzarse; debe permitirse pero no obligarse. El bebé, cuando esté lo suficiente maduro para ello, comenzará a mostrar actitudes de autonomía e independencia.
Cierto es que la organización socio-laboral de nuestro medio arrastra a las familias a tener que forzar dicha separación temprana irremediablemente. Sin embargo, si los padres son conscientes de las necesidades afectivas reales de sus hijos, responderán más adecuadamente a esta separación forzosa y buscarán alternativas positivas a estos requerimientos sociales.
Lo mismo sucede con los procesos de sueño. La población general desconoce bastante el desarrollo natural del sueño del bebé y existen muchas falsas creencias sobre el tema. Esto provoca que los padres generen falsas expectativas sobre cómo deben dormir sus bebés e induce a que muchos caigan en la práctica de técnicas de adiestramiento del sueño, muy negativas para el desarrollo del bebé.
De esta manera, nos encontramos ante una tendencia social fuerte que impulsa al adulto a imponer los ritmos que considera “adecuados” sin atender a las características evolutivas de los bebés. Esto genera mucho malestar a padres e hijos. Al basarse los padres en expectativas equivocadas, la satisfacción de las mismas se convierte en un imposible, lo cual conlleva a una continua frustración.
Por todo ello, considero esencial que los padres conozcan las características de los procesos de desarrollo evolutivo de sus bebés, las analicen de una manera empática y reajusten sus expectativas en base a ellas.
Así, me parece una parte fundamental del acompañamiento materno-infantil la información sobre dichos procesos y la ayuda a los padres a comprenderlos de manera respetuosa con los niños.