Muchas personas incluyen, en su esquema mental de lo que es un bebé, el uso del chupete. Está muy generalizado asociar la imagen del bebé al chupete. De hecho, muchos adultos no se plantean la posibilidad de no ofrecerle un chupete a su bebé.
Más aún, en toda canastilla de recién nacido que se precie, se incluye un chupete (o más de uno). Es decir, que muchas veces ofrecemos el chupete a los bebés pequeños sin plantearnos si realmente es necesario o imprescindible. 
El caso es que, al principio, el chupete ayuda a los padres a calmar a su bebé. Incluso les libera, a ratos, puesto que el pequeño consigue tranquilizarse succionando su chupete. Este objeto satisface la necesidad de succión no nutritiva de los bebés. Sin embargo, más adelante, cuando los padres desean que el niño prescinda del chupete, se encuentran con muchas dificultades para conseguirlo.
Así pues, el chupete puede servir de ayuda a los padres en algunas ocasiones, pero puede no ser beneficioso en algunos aspectos. Uno de ellos es el desarrollo del lenguaje.

Chupete y desarrollo del lenguaje verbal

En un estudio de la Corporación de Rehabilitación Club de Leones del sur de Chile se encontró que el uso inadecuado del chupete o el hábito de chuparse el dedo durante un período largo de tiempo en la vida del niño pueden afectar negativamente al desarrollo del lenguaje verbal.
Esto es así porque el hábito del niño de meterse objetos en la boca para satisfacer su necesidad de succión no nutritiva limita el ejercicio libre de movimientos bucoarticulatorios.
Así pues, cuando el niño tiene un chupete en la boca, no puede emitir adecuadamente los movimientos faciales que necesita ejercitar para el desarrollo posterior del habla. Esto es lógico, puesto que tener un objeto metido en la boca limita, de manera evidente, la posibilidad de movimiento la misma.
Además, el hecho de estar succionando un chupete hace que el niño dedique atención y energía en dicha acción. Esto resta atención a otro tipo de acciones, como son, entre otras, los intercambios comunicativos. El niño que va succionando su chupete produce menos emisiones verbales, porque llevar el chupete en la boca se lo dificulta.
De esta manera, cuando los niños usan excesivamente el chupete, están viendo limitadas sus posibilidades de ejercicio de movimientos bucoarticulatorios, así como sus emisiones verbales debido al obstáculo físico y atencional que supone la acción de ester succionando el chupete.
Por tanto, el uso excesivo del chupete infuye negativamente en el desarrollo del lenguaje verbal de los niños. Para evitar esta influencia negativa, los padres han de plantearse si les compensa ofrecer el chupete a sus bebés y, en caso afirmativo, ofrecérselo sólo en situaciones concretas, nunca ofrecerlo indiscriminadamente.