baño

 

El concepto acción de dominio hace referencia a los actos de la persona que le permiten interactuar, con sensación de propio control, sobre su entorno, su cuerpo o las relaciones con otras personas.

Es la acción que, después, permitirá a la persona sentirse competente y eficaz, orientarse al logro y construir una sana autoestima.

Pero antes de todo esto, la acción de dominio posibilita el conocimiento de uno mismo: de las propias sensaciones y necesidades, de los propios deseos e intereses, de la propia capacidad.

En los primeros años de vida, la acción de dominio contribuye a sentar las bases del autoconocimiento, la autoafirmación, el conocimiento del entorno y la sensación de capacidad de intervenir en el mismo.

Las primeras acciones de dominio del bebé tienen que ver con el conocimiento y control de su propio cuerpo. El movimiento, la alimentación, el aseo y el control de esfínteres son acciones que el niño pequeño va, progresivamente, dominando.

En un principio, éstas dependen, en buena medida, del adulto para ser satisfechas. Pero, poco a poco, el niño va tomando el control de las mismas.

La alimentación a libre demanda permite la una de las primeras sensaciones de propio dominio del bebé. Logra que le ofrezcan alimento cuando lo necesita y lo demanda y no se le trata de forzar a comer cuando está saciado.

La capacidad de desplazarse de manera autónoma es otro de los primeros logros de dominio del bebé. Comienza la conquista del entorno inmediato de manera independiente.

Más adelante, los logros de dominio van siendo más sofisticados, acorde con el desarrollo evolutivo del niño, aunque siguen orientados al dominio del propio cuerpo.

El niño empieza a querer decidir, más intensamente, sobre las acciones sobre su cuerpo. Así, empiezan a verse acciones orientadas a la decisión sobre el propio cuerpo en contraposición a la acción de sus cuidadores, como: decisiones sobre el aseo personal, la vestimenta y el calzado, el abrigo, el peinado… Es decir, acciones sobre el propio cuerpo que, en un principio, gestionaban los cuidadores adultos y que el niño empieza a querer dominar.

Podemos ver reacciones asociadas a no querer bañarse, o no querer salir de la bañera, a no querer ponerse determinada ropa o querer elegir la vestimenta, negarse a peinarse o desear elegir una manera de hacerlo, negarse a que le cambien el pañal

Son acciones orientadas al conocimiento y gestión del propio cuerpo, importantísimas en el desarrollo evolutivo, pues constituyen la base del autoconocimiento y dominio personal.

Es el impulso del niño a gestionar y controlar las acciones sobre su cuerpo, a identificar sus deseos y necesidades y decidir sobre su satisfacción. Es la base de la conciencia sobre su espacio personal, sobre la relación con su cuerpo y con su entorno y, desde ese conocimiento, desarrollará la capacidad de autodominio.

Así, resulta esencial respetar las acciones de dominio centradas en el propio cuerpo, pues de esta manera estamos contribuyendo al autoconocimiento y sensación de capacidad del niño desde la base.

Por tanto, debemos ser especialmente cuidadosas en cuanto a la selección y establecimiento de límites en situaciones de autoafirmación relacionadas con el propio cuerpo.

Límites en cuanto a acciones relacionadas con el cuerpo del niño

Las acciones de dominio sobre el propio cuerpo del niño que requieren de apoyo más directo del adulto son las relacionadas con el vestido y el aseo (excluyo la alimentación por ser un tema con particularidades demasiado específicas).

El vestido y el aseo son acciones directas sobre el cuerpo del niño que, en la mayor parte de los casos, el niño expresa su necesidad de control y toma de decisión.

La ropa con la que va a cubrir su cuerpo, si quiere bañarse o no, si quiere peinarse, si quiere ponerse zapatos o permanecer descalzo y qué zapatos desea ponerse, si quiere pintar su cara o no quiere, cortarse las uñas, cambiarse el pañal, etc… son acciones que implican a su cuerpo de manera completa y evidente.

Sin embargo, estas acciones relacionadas con su cuerpo requieren del apoyo del cuidador adulto cuando el niño es pequeño. Cuando son bebés, la intervención adulta es total: vestimos al bebé, bañamos al bebé, secamos al bebé, cambiamos el pañal al bebé… Es nuestra responsabilidad absoluta, nuestra decisión y nuestra acción completa sobre el bebé.

No obstante, a medida que el bebé se desarrolla, su capacidad de acción e intervención sobre estas tareas es mayor y, aunque no del todo independiente, su motivación para decidir sobre ellas y participar activamente es una característica presente en el desarrollo evolutivo del niño.

Por lo tanto, aunque el apoyo del adulto siga siendo necesario durante algunos años, éste debe ser consciente de que es necesario ir cediendo el protagonismo en este tipo de acciones al niño y respetar su voluntad de acción de dominio siempre que sea posible.

Lógicamente, hemos de establecer las restricciones u obligaciones de acción sobre el cuerpo que salvaguarden la seguridad y el bienestar de niño (es decir, establecer los límites que sean necesarios) pero, cuando se trata sobre acción del propio cuerpo, hemos de poner la mirada en la acción de dominio y la importancia de que el niño la ejercite, experimente y ensaye como tal.

Por ello, la reflexión consciente y cuidadosa por parte del adulto en cuanto a los límites relacionados con acciones sobre el cuerpo del niño es especialmente necesaria y relevante para asegurar la buena base del desarrollo del autoconocimiento, el autoconcepto, la autoestima, la sensación de capacidad y la capacidad de propio dominio del niño.

 

* La reflexión expuesta en este artículo surge a partir del trabajo grupal realizado en la formación Maternidad Feliz, Crianza Respetada.

 

Mónica Serrano Muñoz

Psicóloga especializada en maternidad y crianza respetuosa.

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