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El acompañamiento emocional al bebé pequeño está basado en la co-regulación emocional entre la madre y el bebé. Los dos primeros años de vida son un periodo en el que el estado emocional del bebé está fusionado con el de su madre. Esta fusión termina alrededor de los 2 años de edad del niño, cuando interioriza e integra su concepto del “yo” y la noción de que es un ser único, separado, individual e independiente de su madre.

Este proceso de no se realiza de manera súbita. Se inicia con la capacidad de desplazarse independientemente con el gateo, que suele producirse entorno a los 7 ó 9 meses de edad. Cuando el niño es capaz de desplazarse de manera autónoma, alejarse y acercarse a su cuidador principal, comienza ese proceso lento, gradual y paulatino de adquisición de noción de uno mismo.

Los 2 primeros años de vida, la co-regulación es intensa, muy fuerte, el bebé necesita de su madre o de otro adulto para regular sus emociones. El bebé llora y necesita la participación activa de su adulto de referencia para poder volver a su estado basal cuando ha pasado la emoción.

El bebé llora y necesita que su madre le ofrezca el pecho para que pueda succionar, o un chupete en el caso de niños que no toman el pecho. El bebé llora y necesita que su madre le tome en brazos, que le cante, que le hable en un tomo de voz especial.

Si observamos a madres de bebés pequeños nos daremos cuenta de que el tono de voz que las madres utilizan espontáneamente, de manera natural, con sus bebés, es una entonación especial que depende mucho del estado emocional del bebé. La madre se comunica a través de esta entonación de una manera natural e innata, casi involuntaria.

La madre acompaña a su bebé en este estado emocional, en este periodo de fusión emocional, reflejando de una manera muy natural las emociones del niño. Cuando el bebé sonríe la madre sintoniza con su bebé. Cuando llora, la madre trata de calmarle con un tono de voz en el que se refleja el llanto. El tono de voz asociado a la alegría, asociado a la tristeza, los gestos asociados al enfado… somos capaces de acompañar durante este estado emocional fusionado de esta manera, reflejando, para co-regular la emoción del bebé de una manera natural cuando esa conexión emocional no se ha eliminado ni obstaculizado.

Cuando termina ese estado emocional fusionado, empieza el momento en el que el niño ha de autogestionar sus emociones, vivirlas, experimentarlas de manera independiente de su madre. El niño se empieza a identificar a sí mismo y a contextualizar como un ser diferenciado, y también a nivel emocional. Empieza a entender los procesos emocionales como suyos. Ya no son suyos y de su madre, sino que es un proceso propio.

Aquí suele comenzar la negación por parte del adulto que acompaña. Sabemos acompañar con bastante facilidad cuando estamos emocionalmente fusionados al bebé. Esa fusión emocional nos permite empatizar mucho con el bebé y reflejamos automáticamente al bebé lo que está viviendo emocionalmente, pero cuando se termina el estado de fusión emocional, nos empieza a costar más permitir al niño funcionar de manera no fusionada e independiente, y tratamos de regular nosotras sus emociones.

Con niños menores de 2 años es más difícil negar una emoción e intentar explicarle por qué no debe sentirse mal. Entonces acompañamos con un tono de voz o unos gestos que están ejerciendo de reflejo de esa emoción del bebé, aunque nos apoyamos menos en las palabras porque el nivel de desarrollo del lenguaje verbal del niño es menor. Después del final del estado emocional fusionado y un nivel de lenguaje verbal superior, empezamos a acompañar más apoyándonos en el lenguaje verbal y empezamos a negar algunas emociones, como las relacionadas con el malestar.

A partir de los 5 años, y teniendo en cuenta el desarrollo del neocortex y la ruta tálamo-neocortex-amígdala, los filtros cognitivos personales de la experiencia del niño son evidentes. El niño tiene sus interpretaciones, sus preferencias, razonamientos, expectativas e ideas previas influyendo en la experiencia emocional. Sin embargo, con 2 años estos filtros son mucho menores, el niño es mucho más emocional, más explosivo. Entre los 2 y 5 años va madurando poco a poco. Y es a partir de los 5 ó 6 años cuando el neocortex está maduro y el razonamiento tiene un papel importante en la experiencia emocional.

Así, cuando acompañamos a bebés preverbales, nos suele ser fácil sintonizar afectivamente con ellos, pero cuando comienzan a comunicarse verbalmente, la conexión emocional se va perdiendo para pasar a ser una conexión mucho más mental. Es en ese momento cuando comenzamos a sustituir el acompañamiento en sintonía por el intento de gestión emocional del otro.

Este post es una extracto de los contenidos del programa de formación online de expertas en acompañamiento a la maternidad consciente y la crianza respetuosa, Maternidad Feliz, Crianza Respetada, en el que trabajamos cuestiones relacionadas con la autoestima, la comunicación con una misma, la identificación y validación de las propias emociones y la propia vivencia de los límites, entre otros temas.

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Mónica Serrano Muñoz
Psicóloga especializada en Mujer, Maternidad y Crianza Respetuosa, Desarrollo Personal

Col. Núm. M26931
Consulta, terapia, grupos de apoyo, asesoramiento
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