Uno de los aspectos de la crianza que más prejuicios suscita es el colecho. Algunas madres incluso dicen “yo estoy de acuerdo con la crianza con apego, excepto en el tema del colecho” o “estoy de acuerdo con las teorías de Carlos González y Rosa Jové salvo en lo que al colecho se refiere”.
Esto invita a la reflexión sobre por qué es justamente el colecho el aspecto que más recelos despierta. Probablemente, en nuestra cultura se ha desvirtuado demasiado el concepto de sueño y descanso, convirtiéndose en algo mucho más complicado de lo que realmente es.
Se nos dice que tenemos que dormir 8 horas, a ser posible seguidas, para estar enérgicos a la mañana siguiente para poder trabajar, y esto intentamos. Pero, ¿realmente necesitamos todos dormir 8 horas? ¿Es tan importante que sean seguidas? Posiblemente no, tal vez ni si quiera nuestra naturaleza esté diseñada para ello. Al final, dormir se convierte en una obligación, más que en una necesidad o un placer. Esto desnaturaliza el hecho de dormir, creando una manera estandarizada y socialmente aceptada del descanso familiar, lo cual puede activar los prejuicios contra el colecho.
Asimismo, se le adjudica una connotación sexual a la cama en la que duerme la pareja. Pero ¿es éste el único lugar en el que pueden mantenerse relaciones sexuales? De la misma manera, la noche también tiene asociadas connotaciones sexuales. Sobra decir que el sexo no entiende de horarios.
Por otra parte, la sobrevaloración que hoy en día se le da a la intimidad personal también afecta a nuestra forma de entender cómo se debe dormir. Ideas como “respetar el espacio personal o de pareja” o “conservar la propia intimidad” contribuyen a los prejuicios contra el colecho.
Por ello, el colecho causa muchas dudas, temores y recelos a algunas personas. Romper la norma social actual que nos dicta cómo hemos de dormir genera mucha inseguridad a algunos padres. De ahí que se responda con prejuicio ante cualquier manera de descansar que se aleje de lo socialmente aceptado.
El sueño y el descanso son vitales para el ser humano, todos podemos dormir, pero en nuestra cultura se le han asociado valores al sueño que lo alejan de su naturalidad esencial. De ahí que muchas veces no nos sepamos manejar bien en cuanto al sueño, compliquemos esta necesidad fisiológica y la convirtamos en algo difícil.