Consulta:

Hola Mónica. Felicidades por tu blog. Me encanta y me sirven de gran ayuda tus consejos en la crianza de mi hijo.
Me gustaría que me asesorases sobre una cuestión:
Todos los días voy al parque con mi hijo, de 2 años. Cada día, cuando nos tenemos que marchar a casa, llora y se enfada, independientemente del tiempo que llevemos en el parque.
Parece como si nunca fuese suficiente para él, como si siempre se quisiese quedar más rato.
Para mí es muy desagradable volver a casa cada día con el niño llorando. Después de haber pasado un rato estupendo, es como si todo se estropease. Es muy frustrante.
Me gustaría que me aconsejases para facilitarle a mi hijo la marcha y evitar esta situación tan desagradable.

Respuesta:

Estimada amiga. Gracias por confiarme tu consulta.
Probablemente, la mayoría de las madres hemos vivido situaciones con nuestros hijos como la que tú describes o, al menos, hemos visto a otros niños reaccionando como tu hijo.
Todas las personas vinculamos emocionalmente con otras personas y, también, con lugares y actividades. En el caso de los niños, el vínculo emocional es más intenso. Esto es así porque, durante la infancia, las relaciones del niño con el mundo que le rodea son eminentemente emocionales.
Hay niños que lloran cuando han de abandonar el parque; otros lloran cuando un ser querido que estaba visitándole se marcha; otros cuando los niños con los que estaban jugando se van… Es decir, los niños manifiestan malestar ante las separaciones.
Las separaciones (marcharse del parque o ver cómo otra persona se aleja) suponen pérdidas para el niño: pérdida de contacto con personas queridas, pérdida de posibilidad de movimiento y exploración, pérdida de alternativas de juego, pérdida de interacción con otros niños…
Este tipo de pérdidas, que para algunos adultos son fácilmente manejables, para el niño no lo son, pues está teniendo que poner fin a situaciones de una gran importancia y valor en su vida.
Ante la experiencia de pérdida, el niño experimenta malestar emocional y lo expresa (mediante el llanto, el berrinche, etc.).
Por lo tanto, es comprensible que el niño que está experimentando una separación, exprese su malestar para tratar de evitarlo. Sin embargo, ante el carácter inevitable de la situación, el adulto acompañante debe tratar de facilitar al niño el manejo de la experiencia emocional a la que se enfrenta.

Consejos para ayudar al niño a manejar el malestar emocional ante la separación o pérdida:

1. En primer lugar, para poder ayudar a nuestros hijos a manejar el malestar emocional producido por la separación, debemos tomar una perspectiva empática que nos permita comprender la importancia y el valor que la pérdida en cuestión tiene para el niño.
Para un adulto, estar en el parque o recibir la visita de la abuela pueden ser situaciones poco atractivas. Sin embargo, para el niño son situaciones ricas, deseadas y de gran disfrute.
Cuando comprendemos el valor que estas situaciones tienen para el niño, estaremos más capacitados para ofrecerles un acompañamiento emocional adecuado antes estas situaciones, sin restar importancia a las emociones que dichas situaciones le provocan.
Así, eliminaremos comentarios poco empáticos, del tipo “No es para tanto, no seas caprichoso” o “Vaya tontería ponerse así por tener que marcharse del parque”, pues para el niño sí es importante.
Este tipo de comentarios inadecuados pueden sustituirse por “Comprendo que no te quieres marchar, pero ahora nos tenemos que ir”, transmitiendo afecto y comprensión con nuestro tono de voz.
2. Es esencial que permitamos al niño anticipar el momento de la separación, avisándole de que ésta se avecina unos minutos antes. Esto le permitirá prepararse emocionalmente para ella y no experimentarla de manera abrupta.
Así, un ratito antes de que llegue la hora de marchar, es muy positivo que se avise al niño “Dentro de un ratito nos tenemos que ir a casa”.
Es bueno darle una referencia temporal para que pueda orientarse, ya que los niños de esta edad todavía no han desarrollado la capacidad espacio-temporal que les permita comprender el concepto de tiempo de una manera abstracta.
Podemos decirle “Montas un ratito más en el columpio y luego nos vamos” o “Das una vuelta más en tu triciclo y después nos marchamos”.
3. Cuando llega el momento de la separación, es adecuado permitir al niño un tiempo para despedirse. Esto puede constituir un “ritual” que facilite al niño la gestión de la separación.
Decir adiós a los niños que están en el parque puede ser una buena manera de llevar a cabo este ritual facilitador.
4. Es importante transmitir al niño el carácter transitorio de la separación.
Para el niño puede ser complicado integrar esta noción de transitoriedad en el momento de la separación. Por ello, es importante recordárselo, en el momento de la separación.
De este modo, es importante incorporar en lo que se le dice al niño información del tipo “Mañana volvemos o “Dile a tu amigo que mañana jugáis juntos otra vez” o “Mañana, cuando vengamos al parque, traeremos la pelota”.
5. Los niños conectan emocionalmente de manera intensa con los lugares, las actividades y las personas con las que interactúan. Interrumpir esa conexión puede resultarles complicado.
En ocasiones, mantener un objeto transicional consigo facilita la interrupción de la conexión emocional, pues le permite realizarla de manera más gradual.
Así, podemos sugerir al niño que tome un objeto que le recuerde al parque (como una piedra o un palo) y que se lo lleve consigo.
Para facilitar, a su vez, la transmisión de la noción de transitoriedad de la separación, podemos decirle al niño “Mañana, cuando regresemos al parque, volvemos a dejar la piedra/palo… donde estaba”. De este modo, además, le estamos enseñando a respetar su entorno.
6. Asimismo, es importante que le digamos qué vamos a hacer inmediatamente después de abandonar el parque.
Muchas veces, los adultos no somos conscientes de los niños necesitan que se les explique lo que va a suceder de manera concreta, sin omitir pasos intermedios.
Por ello, en vez de decir “Nos vamos a bañarte/cenar…”, debemos decir lo que se va a realizar de manera inmediata. Por ejemplo, “Nos vamos a ir caminando hacia casa”, “Vamos un momento a la tienda a comprar y luego continuamos hacia casa”.
Esta explicación concreta ofrece una seguridad mayor al niño, que puede anticipar de una manera más real lo que va a suceder.

Así, con todas estas acciones relacionadas con el momento de la separación estaremos propiciando que el niño gestione las emociones asociadas a la pérdida de una manera más positiva, pues le estamos permitiendo que se prepare a ella (con la anticipación), participe en ella con un rito (la despedida), comprenda que es transitoria e interrumpa la conexión emocional paulatinamente (objeto transicional).

Con todo esto espero haberte ayudado a comprender mejor lo que significan para tu hijo este tipo de situaciones y puedas gestionarlas de una manera positiva.
Un fuerte abrazo,
Mónica Serrano

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