El placer de usar un portabebé

Llevar al bebé en un portabebés (mochila, fular, bandolera, mei tai,etc.) es una experiencia muy placentera tanto para el bebé como para el adulto portador.
Es probable que la persona que nunca haya portado a su bebé en un portabebés no comprenda dónde reside lo altamente gratificante de ello.
Llevar al bebé en el portabebé es una alternativa práctica, puesto que nos permite realizar las actividades que necesitemos junto al bebé, sin las limitaciones que acarrea llevar el cochecito de paseo o llevar al bebé en brazos.
Pero los beneficios de usar un portabebé no se ciñen únicamente a lo práctico. Llevar al bebé en el portabebé es una manera de compartir tiempo y experiencias con tu bebé desde la proximidad física que este modo de llevar al bebé ofrece.
Llevar al bebé en el portabebé garantiza el contacto cuerpo con cuerpo del bebé con el adulto portador. Este contacto tranquiliza y relaja al bebé, así como le aporta un gran bienestar.
Del mismo modo, el contacto cuerpo con cuerpo refuerza el vínculo afectivo entre el bebé y el adulto que le lleva, permitiendo al bebé experimentar la seguridad y confianza que la proximidad física de su padre o madre le ofrece.
Además, llevar al bebé en el portabebés en la postura adecuada (con el bebé mirando hacia el adulto portador) fomenta el contacto visual entre el bebé y el adulto. Esto permite que la interacción entre ambos sea mayor e incrementa las posibilidades de comunicación entre le bebé y el adulto.
El bebé que está en su cuna o en un cochecito de paseo tiene limitado el contacto y la comunicación con sus padres durante el tiempo que está allí. Del mismo modo, los padres interactúan menos con sus bebés cuando los llevan en un cochecito que cuando los llevan en el portabebés.
Así pues, las posibilidades de interacción y comunicación que ofrece el uso del portabebés son muy gratificantes para el adulto portador. Cuando el adulto lleva a su bebé en un portabebé, la actividad que esté realizando (pasear, ir a la compra, ir a hacer recados…) se transforma en un espacio de interacción y comunicación continua con el bebé.
Por ello, cualquier actividad que se realice portando al bebé se convierte en una experiencia compartida, especial, aportando un enorme bienestar tanto al adulto como al bebé.

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