Muchas madres y padres acuden a mi consulta mostrando preocupación porque creen que sus niños no saben defenderse de sus iguales. Muchos de ellos se quedan quietos ante empujones, golpes o burlas por parte de sus compañeros.

 

 

La realidad es que la tendencia natural del ser humano, basada en el instinto de supervivencia, está orientada a defenderse de los ataques o protegerse activamente de los peligros.

 

 

Sin embargo, es un hecho que todos hemos podido observar el que algunos adultos no son capaces de defenderse, parece que hubiesen perdido esa tendencia natural, pero ¿cuándo y cómo la perdieron? En este post voy a explicaros los inicios de esa pérdida.

 

 

Los niños, cuando nacen, no pueden defenderse solos, pero esto no quiere decir que no posean mecanismos naturales orientados a la autodefensa. Los bebés, desde el nacimiento, poseen mecanismos orientados a conseguir protección y ayuda.

 

 

A través del llanto, el bebé expresa su primer mecanismo de autodefensa, pues es el medio de comunicación que le permite expresar que necesita ayuda o protección de una manera activa.

 

 

Cuando se atiende al llanto del bebé, éste aprende que las estrategias de que dispone para buscar ayuda y protección son eficaces y esto le orientará a continuar utilizándolas y sofisticándolas cuando las necesite. El bebé seguirá reclamando a su cuidador principal a través del llanto para procurarse ayuda y protección.

 

 

Por el contrario, cuando no se atiende al llanto del bebé, este aprende que las estrategias de que dispone para buscar ayuda y protección no son eficaces, pues no le sirven para conseguir lo que necesita, que es movilizar a su cuidador para que satisfaga sus necesidades.

 

 

Cuando un bebé aprende que su única estrategias para protegerse (el llanto) es ineficaz, se siente indefenso. Nada de lo que puede hacer le sirve para conseguir lo que necesita. Así, van sentándose las bases de la indefensión aprendida en ese bebé.

 

 

La indefensión aprendida es un concepto estudiado por Martin Seligman a fin comprender los procesos por los que los seres humanos son incapaces de reaccionar ante situaciones dolorosas. Su teoría se basa en la idea de que la persona se inhibe y muestra pasividad cuando las acciones orientadas a modificar las situaciones no producen el resultado deseado.

 

 

Así, cuando el llanto del bebé es desatendido de manera repetida, su acción no está siendo eficaz para el logro de su objetivo y se siente indefenso. De este modo, el bebé está perdiendo la capacidad de expresar sus necesidades y actuar para procurarse la protección y ayuda cuando la necesita.

 

 

Por lo tanto, la situación más temprana que posibilita el desarrollo de habilidades asertivas de autodefensa al niño es la atención a su llanto desde que nace.

 

 

En cualquier caso, si esto no fue así y se desatendió a su llanto, la indefensión aprendida puede repararse (como habilidad aprendida que es). 

 Mónica Serrano Muñoz

Psicóloga especializada en Maternidad y Crianza Respetuosa

Col. Núm. M26931

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