Durante la infancia temprana, la gestión emocional está en pleno desarrollo. Los niños pequeños necesitan del apoyo de sus cuidadores para la regulación emocional.

El sostén emocional del bebé por parte de su cuidador principal es la base de un desarrollo emocional sano. Las respuestas emocionales del adulto, en sintonía con el estado emocional del bebé, generan un estado de corregulación afectiva que permitirá, posteriormente, el desarrollo de la autorregulación afectiva por parte del niño.

Durante los tres primeros años de vida, el desarrollo de la confianza básicaes esencial para un buen desarrollo emocional.

La confianza básica es un logro que se produce como resultado de numerosas interacciones satisfactorias entre el niño y su cuidador principal. La confianza básica es la sensación del niño de que su entorno es seguro, pues sus cuidadores satisfacen sus necesidades físicas y emocionales.

Asimismo, el establecimiento de un vínculo afectivo seguro con su cuidador principal es fundamental para un adecuado desarrollo emocional.

Las bases de desarrollo emocional que se sientan en la infancia temprana serán la clave para el posterior desarrollo de la inteligencia emocional.

Así, para favorecer un desarrollo emocional positivo en la infancia temprana (0-3 años) es imprescindible fomentar el desarrollo de la confianza básica y de un vínculo afectivo seguro.

Para ello existen varias maneras. Quiero exponer aquí cinco de ellas que me parecen básicas:

1. Atender siempre al llanto del bebé.

En todos los casos, el llanto del bebé o del niño pequeño expresa la existencia de una necesidad (física o afectiva) no satisfecha. El bebé necesita la atención de su cuidador para satisfacer sus necesidades y lo solicita a través del llanto.

La atención al llanto del niño fomenta el desarrollo de la confianza básica y del vínculo seguro, pues el niño se siente protegido, atendido y cuidado.

2. Mostrar incondicionalidad.

En relación con el punto anterior está el aspecto relacionado con la incondicionalidad. El bebé debe sentir que su cuidador principal (generalmente, su madre) es incondicional para él.

Esto implica transmitirle al niño que nuestro amor hacia él no tiene condiciones; que pase lo que pase estamos aquí para cuidarlos, apoyarlos.

Así, frases del tipo “ya no te quiero” o “estoy harta, no puedo más, me voy a ir” deben evitarse de manera absoluta. Este tipo de mensajes, en realidad, son amenazas de abandono que, aunque jamás vayan a cumplirse, generan mucha inseguridad en el niño.

3. Expresar afecto a través del contacto físico.

Los bebés reciben gran parte de la información del entorno a través del sentido del tacto. Esto sucede también con la información afectiva.

Por ello, el contacto físico entre el bebé y su cuidador principal es esencial para el intercambio afectivo entre ambos.

Jamás hay que limitar los brazos, los abrazos, el contacto piel con piel, las caricias ni los besos, si no todo lo contrario.

4. Acompañar las expresiones emocionales con respeto.

Los bebés nos necesitan para la corregulación emocional. Necesitan que les acompañemos, de manera sintonizada en sus expresiones emocionales para, más tarde, poder autorregularse.

Las expresiones emocionales deben ser acompañadas desde la empatía y el respeto. Deben acompañarse con afecto y comprensión. 

Es importante evitar negar la emoción. Frases del tipo “no llores”, “no pasa nada”, “no es para tanto” o “deja de llorar que me pongo triste” incitan a la represión de la emoción.

Es esencial validar su emoción (“entiendo que estés enfadado”, “comprendo lo mal que te sientes”, “¡qué contento estás!”), permitiéndola, poniéndole nombre, dándole importancia.

5. Tener siempre presente que los niños pequeños NO chantajean ni manipulan.

Las habilidades cognitivas y emocionales de los niños pequeños (menores de 5 años, aproximadamente) no les permiten comprender los procesos mentales ni emocionales de otras personas de una manera precisa, lo cual hace imposible que puedan chantajear, manipular o engañar a otros.

Así, debemos eliminar las ideas de chantaje o manipulación como parte de la interpretación de las acciones de un bebé o un niño, pues no tienen ningún sentido.

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Mónica Serrano Muñoz

Psicóloga especializada en Maternidad y Crianza Respetuosa

Col. Núm. M26931

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