Seguro que conocéis personas u os pasa a vosotras mismas que os resulta tremendamente difícil tomar una decisión sin preguntar a otros qué harían ellos en vuestro lugar, pedir consejo o, incluso, pedir a otra persona que os ayude a tomar la decisión.

 

También suele pasar que sentimos que las cosas no están funcionando tal como deberían, que deberían ser de otra manera, que algunos aspectos de nuestra vida (o de nosotras mismas) deberían ser diferentes a como son, pero, sin embargo, el tiempo pasa y esta sensación no cambia, ni las situaciones externas tampoco.

 

Todo esto indica, en realidad, que estamos poniendo el foco de nuestra atención fuera de nosotras, en el criterio ajeno o en parámetros sobre cómo “deberían” ser las cosas que no son los reales de nuestra vida.

 

Nuestra mirada se centra en lo externo, en los demás, en ideas o creencias socialmente aprendidas, dejando en segundo plano nuestra esencia personal, nuestras sensaciones, nuestro propio criterio, nuestros sentimientos…, prácticamente dejando en el olvido lo que realmente somos, lo que realmente queremos, sentimos, necesitamos o deseamos.

 

Se trata de una desconexión de una misma, de las propias emociones, de las propias necesidades, de las motivaciones personales, que nos bloquea y nos condena a continuar inmersas en dinámicas negativas, nos dificulta el desarrollo personal y nos imposibilita ser realmente libres.

 

Nos cuesta identificar nuestras emociones, gestionar el malestar, confiar en nuestro criterio o tomar decisiones. Necesitamos constantemente el consejo externo, las recomendaciones u opiniones de otras personas o, si no las necesitamos (ni pedimos), cuando nos las den, nos afectan más de lo que nos gustaría.

 

Crecemos sin sostén emocional interno y esto nos hace necesitar “apuntalamientos” exteriores constantes. Pero incluso aunque lográsemos tener siempre disponibles dichos apuntalamientos exteriores, no lograríamos una sensación de plenitud vital ni la capacidad de desarrollo, pues siempre nos faltaría el sostén interior, la esencia personal.

 

La manera en que fuimos educadas contribuye a esta desconexión

 

La manera tradicional o socialmente más aceptada de criar y educar a los niños contribuye enormemente a esta desconexión de uno mismo.

 

Cuando una persona es educada con refuerzos y castigos constantes, consejos, correcciones, sermones o recomendaciones permanentes, el criterio externo se impone a la persona, interiorizándose de tal manera que el criterio interno, la propia necesidad o sentir personal real queda bloqueado, anestesiado, imperceptible.

 

La persona asume como propios los parámetros externos de cómo es (o debería ser) la vida correcta, de cómo se debe sentir, de cómo se debe actuar, de qué se debe desear… dejando de escuchar lo que realmente quiere, necesita, desea o siente.

 

Esta interiorización de los parámetros externos tiene un mensaje oculto peligroso: mis propios parámetros no son válidos, mi criterio personal es insuficiente, soy incapaz.

 

Por ello, esta anulación del criterio propio, genera mucho malestar emocional: sensación de inseguridad, pobre autoestima, miedos, sensación de indefensión… todo ello marcado por la falta de confianza en una misma que supone haber crecido desconectada del criterio propio, de las propias emociones, de la propia esencia personal única, lo cual nos impide ser felices.

 

La re-conexión con una misma, con la propia esencia, con aquello que quedó bloqueado, anestesiado en nuestra infancia al asumir los parámetros externos es crucial para el crecimiento personal y el bienestar emocional.

 

Esto nos permitirá reconocernos, reconciliarnos con nosotras mismas, recuperar nuestro potencial personal y romper con la crianza que desconecta a la persona de sí misma, permitiéndonos criar niñas y niños con confianza en sí mismos, criterio propio, asertividad y buena autoestima.

Mónica Serrano Muñoz
Psicóloga especializada en Maternidad y Crianza Respetuosa
Col. Núm. M26931
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