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A priori podría parecer que los Reyes Magos no tienen nada en común con la prevención de abusos en la infancia.

Sin embargo, bajo ciertas condiciones, esta historia contribuye, en buena medida, al incremento del riesgo de, en caso de sufrir abusos, los niños no sean capaces de identificarlos como tal, no sean capaces de buscar ayuda o acepten que han de soportarlos como única opción.

En este artículo quiero explicar en qué condiciones y por qué la historia de los Reyes Magos puede contribuir a la normalización de los abusos entre niños o de adultos hacia niños.

Muchas familias utilizan los regalos de los Reyes Magos o Papá Noel como moneda de cambio en chantajes y amenazas a los niños. Los regalos de los Reyes se convierten en motivo de amenaza, en medios de presión durante meses para lograr que los niños se comporten como otras sus mayores desean, para lograr que obedezcan (ciegamente) o como mecanismo de control.

“Si no haces lo que yo quiero, los Reyes no te traerán nada”, “Si no me obedeces, los Reyes te traerán carbón”, “Si no eres bueno, los Reyes, que te están viendo, no te darán regalos”.

Este tipo de amenazas y chantajes, al margen de ser eficaces o no para que los adultos que las utilizan consigan lo que quieren, están transmitiendo a los niños información importante sobre el funcionamiento social y sobre valores: si complaces a las personas que son más fuertes o más poderosas que tú, serás premiado por ellas; en caso contrario, serás castigado.

Esta información social y estos valores tienen mucho que ver con el riesgo de normalizar abusos, lo cual llevaría a la persona a tener dificultades para detectar los abusos (en caso de sufrirlos o ser testigo de los mismos), así como a comprender que no debe tolerar dichos abusos, que nadie “los merece” y que es importante buscar ayuda si se es víctima o testigo de ellos.

Por tanto, las amenazas y chantajes con los regalos de los Reyes Magos transmiten a los niños que los premios y los castigos por parte de los que son más fuertes o tienen más poder son normales, justos, merecidos y, por tanto, incrementan el riesgo de aceptar los abusos con indefensión y derrotismo.

Además, las amenazas y chantajes con los regalos de los Reyes Magos contribuyen al fenómeno de la culpabilización de la víctima (victim blaming), pues transmiten que unos seres mágicos, justos y buenos castigan a las personas que no han obrado bien, a los niños que no se han comportado adecuadamente, culpando a los propios niños de la carencia de regalos. Esto fomenta que se responsabilice a los niños que tienen pocos regalos de su escasez por su mala conducta, lo que contribuye a culpabilizar al más débil (o al más pobre), sustentando y perpetuando, así, la injusticia.

El victim blaming tiene una función esencial en la perpetuación de los abusos. La persona abusada (por sus compañeros o por un adulto) se siente culpable porque ha aprendido socialmente que el maltratado merece su maltrato (“algo habrá hecho”). Además, no sólo promueve que la víctima se atribuya la culpa a sí misma, si no que propicia también que los testigos del abuso y toda la sociedad también lo hagan, dejando, de este modo, a la víctima completamente desprotegida, aislada y vulnerable.

Con todo esto quiero mostrar un motivo de peso para eliminar chantajes, amenazas, premios y castigos en las relaciones humanas, especialmente cuando de niños se trata. Los Reyes Magos representan ilusión, imaginación, creatividad, amor, generosidad… no los convirtamos en cómplices de los abusos a la infancia.

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