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Los comentarios adultos sobre la alimentación de los niños son un tópico típico en la mayor parte de las familias. Las valoraciones sobre la cantidad de alimento que ingiere el niño son unas compañeras presentes en el día a día de muchas personas.

Estos comentarios, repetidos casi a diario, se convierten en una etiqueta para la niña o el niño que los recibe. La que come bien, la que come mal, la que come mucho, la que come poco…. Estas etiquetas fomentan la desconexión del niño con lo más básico de su ser: la necesidad de alimentarse.

Los juicios sobre la manera de alimentarse del niño, los consejos (o la presión) sobre cuánto debe comer hacen que la alimentación, como mecanismo natural de supervivencia, pase a la gestión externa y desconecte a la persona de su propia gestión en lo esencial, el alimento. Es la desresponsabilización e incapacitación más básica, desde lo más primitivo. Quedamos pendientes del exterior para regular la necesidad básica de alimentarnos.

Empezando por la imposición de horarios y tiempos en la lactancia (sea natural o artificial), continuando con el inicio de la alimentación complementaria regulada por el adulto en cuanto a cantidades, ritmos y horarios y, después, las etiquetas, los juicios y todos lo demás mecanismos de presión para gestionar desde fuera la necesidad y capacidad del individuo para alimentarse, la persona crece desconectada de esta necesidad básica,depositando fuera de sí el control de este acto instintivo que es comer.

Esta desconexión constituye el obstáculo básico para la persona en cuanto a su autoconocimiento, su capacidad de autogestión, su autocontrol y su autoestima.

Asimismo, las relaciones personales con la alimentación se complican, pues no tenemos ningún dominio personal sobre ella, no tenemos una conexión sana con la misma,quedamos “fuera de nosotras”, incapacitadas para la regulación equilibrada de la propia alimentación.

Comemos para consolarnos, dejamos de comer para demostrarnos control sobre nuestra propia vida, comemos para entretenernos, comemos para reducir la ansiedad, no comemos para castigarnos: esto materializa la desconexión total de la persona con la necesidad básica de alimentarse.

Y esto es sólo la base de la desresponsabilización, infantilización e incapacitación de la persona a través de actos comunicativos adultos. La comida es sólo la base, pero toca lo más profundo.

Texto inspirado en las reflexiones grupales del proceso de crecimiento personal desde la maternidad consciente y la crianza respetuosa “Maternidad Feliz, Crianza Respetada”. Si deseas recibir información sobre este programa, rellena el formulario:

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