post-muerte

En algún momento de la infancia, la mayoría de los niños se cuestionan el concepto de muerte. Esto puede ser impulsado por experimentar una pérdida de un ser querido o conocido, por haber tenido algún tipo de contacto con este concepto en cuentos o películas, o por otras circunstancias.

El caso es que en algún momento los niños expresan dudas o inquietud sobre este concepto y, a veces, los adultos no saben qué o cómo responder.

Muchos adultos se enfrentan a estas cuestiones queriendo “proteger” al niño sobre esta idea. Otros no saben qué explicar, qué decir. En otros casos, los adultos tratan de evitar la respuesta, cambiar de tema.

En general, los adultos no saben qué han de decir, cómo han de explicarlo. Y es normal. Explicar el concepto de muerte es difícil y las respuestas se basan en creencias personales, teológicas o no, pero, en todo caso, no probadas. Nadie sabe a ciencia cierta qué sucede cuando morimos.

Tampoco podemos saber a ciencia cierta cuándo va a suceder, cómo será el proceso… Es decir, que sobre la muerte nos encontramos un sinfín de preguntas sin respuesta. Por eso es tan difícil responder a los niños cuando preguntan sobre ello. Es más, es casi imposible.

Sim embargo, evitar el tema, no decir nada o inventar una historia tranquilizadora no son las opciones óptimas. Los niños perciben que no queremos tratar el tema, que no estamos siendo del todo sinceros o que estamos ocultando algo. Esto puede generar angustia o inseguridad en lo relacionado con el tema.

Entonces, si no tenemos certezas para explicar y evitar el tema o inventarnos historias no es adecuado, ¿qué podemos hacer cuando nos pregunten sobre ello?

Pues bien, la manera más sana de acompañar a los niños cuando tengan dudas relacionadas con el concepto de muerte es escuchar activamente sus sentimientos, inquietudes, dudas, ideas… sobre el tema.

Para escuchar activamente lo relacionado con el concepto de muerte, no tenemos que explicar nada pero tampoco nos vamos a quedar calladas. Escucharemos lo que los niños están expresando y trataremos de devolverles un feedback de lo que vemos que les está sucediendo.

Por ejemplo, transcribo parte de un caso real con una niña de 4 años y medio:

Niña: Mamá, ¿yo me voy a morir?

Mamá: Sí, hija (aquí se responde con una certeza).

N: Yo no quiero morirme.

M: Te gustaría vivir siempre.

N: Es que me da miedo morirme.

M: Te asusta la muerte.

N: Sí. ¿Quién se va a morir primero, tú o yo?

M: Te preocupa saber quien se va a morir antes.

N: Sí, porque yo quiero estar siempre contigo.

M: A ti te gustaría que estuviésemos siempre juntas.

N: Sí, yo no quiero quedarme sola, me da miedo, porque si tú te mueres antes, ¿quién va a cuidar de mí?

M: Te da miedo quedarte sola y no poder desenvolverte. Necesitas un adulto que cuide de ti.

N: Sí, porque yo no sé cocinar, ni abrir la puerta de casa. No puedo estar sola.

M: Sientes que necesitas un adulto que te cuide.

N: ¡Claro! Que compre la comida, que cocine, que esté conmigo…

M: Te da miedo quedarte sola.

N: Sí. Si tú te murieses, tendría que llamar a la abuela para que viniese  estar conmigo.

(…)

Como se observa en la transcripción, la única información que la adulta ofrece es una certeza (todos vamos a morir en algún momento). El resto de la conversación, acompaña a la niña en lo que ella siente, sus miedos, sus deseos

Los niños no necesitan respuestas racionales cuando del concepto de muerte se trata. Es más, hasta, aproximadamente, los 8 años de edad, no son capaces de comprender inequívocamente aspectos como la irreversibilidad de este concepto, por lo que las explicaciones racionales no tienen demasiado sentido.

Los niños pequeños, cuando comienzan a enfrentarse al concepto de muerte, sólo necesitan ser escuchados, sentirse acompañados y saberse comprendidos. Desde esta situación, pueden ir elaborando, a su ritmo, el proceso de aproximación a este complejo concepto vital.

Así pues, cuando se trata del concepto de muerte, yo recomiendo escuchar, expresar comprensión a través del feedback sobre lo que el niño está sintiendo y evitar explicaciones racionales basadas en creencias o invenciones personales.

 

Mónica Serrano Muñoz
Psicóloga especializada en Mujer, Maternidad y Crianza Respetuosa, Desarrollo Personal

Col. Núm. M26931
Consulta, terapia, grupos de apoyo, asesoramiento
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