Kids girl bring her hands closed her face and sad.

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Generalmente, el primer contacto entre personas es un contacto visual. Antes de saludar, de comenzar a hablar, nos vemos. Y a partir este primer contacto en cada interacción, sucede todo lo demás.

No es extraño encontrarnos que en el saludo entre personas que acaban de encontrarse se hagan comentarios haciendo referencia al físico: “Qué guapa estás”, “¡Te has cortado el pelo!”, “Tienes cara de cansada…”. Y cuando de niños se trata, es casi obligado el comentario sobre su crecimiento, si está muy alto o bajo para su edad, lo guapísimo que está, etc.

El cuerpo (de cualquier persona, de cualquier edad) está expuesto, no puede ocultarse del todo. Podemos ocultar pensamientos y sentimientos, pero el cuerpo no podemos ocultarlo (al menos, no del todo). Y es en el cuerpo, en lo físico, en la vestimenta, donde quedamos desprotegidos frente a la mirada de otras personas y expuestas, también, a sus juicios.

El comentario sobre el cuerpo es el juicio de base, sobre lo más expuesto de la persona, que es su cuerpo. Es muy frecuente que se hagan comentarios sobre el físico de los niños, tanto en positivo como en negativo, e incluso más frecuente de adulto a niño que entre personas adultas. No lo podemos evitar. Está tan extendido culturalmente que sería prácticamente imposible evitar que no recibiesen ese tipo de comentarios si viven en grupo.

Parece que el cuerpo de los niños puede ser objeto de evaluación, comparación, calificación o descalificación de manera abierta y directa. Es una muestra más de la cultura agresiva hacia la infancia en la que vivimos. Se habla sobre el aspecto físico de los niños sin tener en cuenta al niño, sin atender a sus emociones, a cómo se siente o qué piensa. Es decir, se cosifica al niño a través de estos comentarios.

Cuando de adultos se trata, el juicio es más sutil o disimulado, pero si la persona juzgada es un niño, entonces el juicio se emite abiertamente.

Es prácticamente imposible evitar que los niños reciban comentarios sobre su físico, pero sí podemos hacer algo para reducir el impacto de los mismos. Es importante que desde el principio transmitamos al niño que nadie tiene derecho a juzgar su cuerpo y que, aunque lo hagan, su cuerpo es suyo y las personas que están juzgando están sobrepasando un límite, interactuando sin respeto.

Del mismo modo, el niño que escucha un comentario sobre su cuerpo, también es posible que haga comentarios sobre otras personas. En ese caso, es importantísimo poner un límite también. Hay que explicarle al niño que esos comentarios no son adecuados, que no ha de invadir a la otra persona de esa manera, que el cuerpo de los demás merece respeto y que los juicios sobre él no están respetando. No podemos evitarlos, pero no podemos validarlos.

De esta manera, el niño aprende a valorar el respeto a los demás desde la base del físico, pero no sólo eso, aprende también a que su propio cuerpo merece respeto.

Para esto, es fundamental que nosotras, las madres, evitemos hacer comentarios calificativos o descalificativos sobre el cuerpo de cualquier otra persona, y no validar los comentarios que hagan otras personas sobre el cuerpo del niño. Y si es el niño el que emite el comentario, tampoco validarlo. El cuerpo de otro es la parte evidente en que nos relacionamos con el otro, y eso ha de ser protegido y respetado.

Los cometarios calificativos o enjuiciadores sobre el cuerpo, relacionada con aspectos comunicativos y de lenguaje, tiene relación con la prevención de abusos físicos o emocionales en la infancia en el sentido de que promueve que la persona no normalice agresiones (verbales, en este caso) hacia sí, entendiendo como agresión la interacción que califica o descalifica aspectos físicos de la persona.

Cuando se evitan o se invalidan este tipo de comentarios, se conceptualiza el cuerpo de cada persona como parte de sí, merecedora de respeto y aceptación incondicional. Esta aceptación sobre lo físico sienta la base de la aceptación de esferas más profundas de la persona.

Así, se entiende que el respeto al propio cuerpo y al de los demás, desde la detección del juicio como algo invasivo, contribuye a la capacidad de la persona de detectar posibles abusos físicos o emocionales más profundos.

Como representación más gráfica de la idea que trato de transmitir, el niño que comprende que nadie tiene derecho a calificar o descalificar su cuerpo, entenderá también que no ha de aceptar calificaciones o descalificaciones a nivel emocionales, un uso indebido o indeseado de su cuerpo por parte de otras personas o interacciones personales que atenten contra su integridad personal.

Podríamos añadir que, en la comunicación cotidiana, el lenguaje referente al cuerpo o al aspecto físico (que a veces es muy difícil de evitar) podría irse transformando en mensajes descriptivos más neutros, que no entrañen juicio de valor o calificación.

Mónica Serrano Muñoz
Psicóloga especializada en Mujer, Maternidad y Crianza Respetuosa, Desarrollo Personal

Col. Núm. M26931
Consulta, terapia, grupos de apoyo, asesoramiento
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